• Caracas (Venezuela)

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Jaime Merrick

Sentimiento de orfandad

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Esta semana Datanálisis publicó su más reciente encuesta en relación con el entorno político del país. Los datos son contundentes: la convicción generalizada de que estamos en crisis, la valoración negativa en la política económica del gobierno y el deterioro constante de la popularidad del presidente Maduro.

¿Y entonces, qué pasa? ¿Por qué esta realidad no se traduce en cambios políticos o económicos?

Es aquí cuando surge otro dato fundamental: la mayoría de nosotros nos consideramos independientes en cuanto a tendencias políticas. Es decir, ni el PSUV ni la MUD representan por sí mismos tendencias políticas dominantes. La situación es mucho más dramática para la oposición: ningún partido de la oposición ni siquiera logra 5% de identificación política en los venezolanos.

Por eso es que no pasa algo ni suceden los cambios que esperamos.

No obstante la percepción mayoritaria de que el país anda por mal rumbo, hay un sentimiento de orfandad en nuestras aspiraciones y necesidades, las cuales no han sabido ser traducidas por los partidos políticos. No hay conexión social. No sentimos solidaridad ni acompañamiento por las carencias que vivimos diariamente.

Ellos, allá, y nosotros, acá. Es como si les costara hablar llanamente de inflación, desabastecimiento, inseguridad.

Venezuela es mayoritariamente clase D y E, y para quienes tomamos buseta, a los chamos desempleados que no pueden acceder a la universidad; para quienes sus ingresos no alcanzan los 13.000 bolívares; a los que sufren la escasez e inseguridad día a día en su barrio; es impresionante, pero después de 5 de años de constituida la MUD, simple y llanamente ningún partido de la oposición todavía tiene un discurso político para esas realidades.

 

Una tercera vía es necesaria.

Lejos de buscar responsables perennes, la situación general del país también invita al surgimiento de nuevos liderazgos políticos. Hay que revirar, exigir y fustigar a la MUD porque en ellos hemos depositado nuestro voto para que nos represente. Sí. Pero tampoco estamos atados a ella ni es una afrenta promover nuevos partidos políticos.

Los jóvenes tenemos una oportunidad de hacer y asumir un papel activo en esta crisis.

Ahora, una gran estupidez sería quedarnos ensimismados y optar por no leer prensa ni Twitter, creyendo que con eso contribuimos con algo.

Contribuiremos si nos solidarizamos activamente con las clases sociales D y E, es decir, con la mayoría de Venezuela; con sus carencias y sus padecimientos; si escucháramos y entendiéramos por qué piensan así, en vez de sentenciarlos por haber votado por Chávez. Quién sabe, quizá de esa manera nos sentiremos menos huérfanos.

 

Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick