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S:D:B Alejandro Moreno

Sentido relacional de lo económico

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Parece fácil, y quizás lo sea, especular, proponer y proyectar una economía según los principios de una ética solidaria o en el marco de los valores de convivencia de nuestro pueblo, pero, ¿cómo concebir eso en términos de ejecución práctica?

Una investigación cuidadosa nos dice que en nuestro pueblo se da, de hecho, un sistema de relaciones económicas, paralelo al mercado ordinario, que funciona fuera de las reglas del mismo y que corresponde a la particularidad del mundo-de-vida popular.

A modo de ejemplo, nos sirve todo ese sistema de préstamos que circula de persona a persona, de pana a pana. Este sistema se sostiene sobre la relación personal, de tú a tú, basado en la confianza. No la confianza en el propietario que tiene cómo respaldar el crédito que se le concede sino aquella que se pone directamente en la persona en cuanto reúne ciertas características, ninguna de ellas comercial: pertenece a la trama de relaciones en la que tanto el prestatario como el que presta están incluidos. A veces esa confianza es incluso mediada, o sea, el que recibe el préstamo no está en la misma trama relacional de quien presta pero está avalado, no económica sino personalmente, por otro que sí pertenece a esa trama. El resultado no es estrictamente económico en cuanto el deudor con frecuencia no puede cumplir con su compromiso. El acreedor de esta manera pierde si lo vemos con los parámetros de la economía de mercado, pero en realidad no pierde porque no ha invertido en dinero sino en relación y esto le abre las puertas para ser deudor en iguales condiciones cuando lo necesite.

Hay, pues, inversión, y los ejemplos pueden multiplicarse, pero se invierte, en relación y de manera relacional, un tipo de inversión ciertamente material pero material humana, no de capital, que cumple la función de permitir y facilitar la vida de la gente.

Estaríamos ante una economía estructuralmente solidaria pero no a partir de un imperativo ético o político externo, una exigencia moral de compartir, sino como emanación normal de lo constitutivo del mundo-de-vida popular en el que todas las acciones humanas, no sólo las económicas, son de partida relacionales.

Por supuesto, no toda circulación de bienes obedece a este modelo en los sectores populares; se dan también las prácticas comerciales comúnmente aceptadas, los abusos y la picardía en contraste con lo anterior y con el sentido profundo del mundo-de-vida popular.

Es muy difícil pensar hoy –parece utopía– en una economía general construida al modo de este modelo, válida y funcional para toda una sociedad y no sólo para grupos sociales determinados. Sin embargo, destacaré dos factores constitutivos, completamente externos a la economía de mercado, que lo dinamizan y le dan un distinto sentido. Ante todo, un componente de gratuidad que contradice los conceptos de ganancia y pérdida. Ahí, en esas prácticas populares, lo gratuito es económico y en la gratuidad todos ganan y nadie pierde. En segundo lugar, la relación humana que se pone como motivación básica y fundamental de toda actividad económica, una relación abierta a convertirse en fraternidad.

Una economía general infiltrada en todas sus entretelas y dinamizada por componentes de gratuidad y fraternidad asumidos como valores para la producción y circulación de bienes cambiaría radicalmente el sentido de lo económico para bien de la humanidad.

La situación nacional y mundial exige hoy inventar una economía totalmente otra.

El papa Francisco acaba de decirle al mundo: “La fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional (…) a fraternidad tiene necesidad de ser descubierta”.

 ciporama@gmail.com