• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Sembrar el voto

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Es evidente que la onda política ha cambiado. Capriles tiene la calle. No tiene todo el pueblo votante masivo de los barrios, pero casi, para allá va. Hay todavía mucho voto duro y comprometido con el actual gobierno. Eso es lógico, aunque sea difícil de comprender.

¿Cómo es posible que viendo lo que ven, viviendo lo que viven, oyendo lo que oyen y sufriendo lo que sufren, sigan votando por el gobierno?

¿Cómo es posible que sigan manteniendo la expectativa de cambio por parte de un gobierno que se llena la boca con frases optimistas, altisonantes y esperanzadoras pero sin consecuencias positivas y útiles para quienes viven en desgracia y pobreza, y palabras amenazantes, intimidantes, insultantes y descalificadoras para quienes osan alimentar esperanzas más factibles e inmediatas y transmiten a la gente la necesidad del cambio, de la verdadera renovación, de terminar esa ola avasallante de personalismo, anulación y anomia que ha intensificado la ineficiencia burocrática, ha disminuido a niveles ínfimos la credibilidad en las instituciones básicas del Estado, ha permitido un vergonzoso incremento en la corrupción y ha generado la más grande inseguridad y desconfianza que jamás se había vivido en nuestro país?

En Venezuela, lamentablemente, nos acostumbramos a vivir de una casi exclusiva fuente de riqueza. Ya el doctor Uslar Pietri nos lo había advertido, que debíamos sembrar el petróleo; que teníamos que desarrollarnos económicamente para no depender del petróleo, pues depender de una sola fuente de riqueza es peligroso, ya que no se estimula la inversión, nos resta creatividad y nos hace rentistas. Hoy día, en vez de haber mejorado hemos caído más dramáticamente en esa dependencia exclusiva, con el agravante de que la hemos extendido a la política y tenemos ya catorce años que nos vienen diciendo de forma incansable, machacante, reiterativa y fastidiosa, que sólo debe haber un candidato a la Presidencia de la República, que sólo puede haber una ideología, una actitud y un pensamiento.

Por eso, con desespero me pregunto por enésima vez: ¿Por qué no hemos sembrado el petróleo?

Razones de más tenemos para cambiar de gobernantes y poner nuestras esperanzas en personas que sí entienden que hay que gobernar para los demás, crear riqueza, estimular la creatividad y la eficiencia laboral, proteger al desvalido, cuidar y aliviar al que sufre, proveer seguridad y acceso equitativo a la justicia, mantener la viabilidad y productividad de nuestras industrias, vías de comunicación, producción de alimentos, protección del medio ambiente y reordenar las fuerzas armadas y policiales para que sus funciones no caigan en el manejo manipulativo del gobierno para controlar a los ciudadanos.

Hay que “sembrar” el voto. No debe seguir pasando lo que nos ha sucedido con el petróleo.