• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Entre Santos y Zuluaga

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No por casualidad han sido las negociaciones de paz en La Habana y las relaciones con Venezuela dos de los temas más trajinados en la reñida campaña presidencial que se decide hoy entre Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga. Se trata de dos asuntos centrales en la fórmula de política interior y exterior con la que Santos se salió del terreno de la “política de seguridad democrática”, por donde anduvo como ministro durante el gobierno de Álvaro Uribe.

Con la campaña se han reactivado temas a los que Santos convino en ponerles sordina desde su encuentro de agosto de 2010 con el entonces presidente Chávez. Con su “nuevo mejor amigo” encontró un modus vivendi que excluyó, para bien y para mal, la llamada diplomacia de micrófonos, de la que tanto abusaron Uribe y Chávez.

Si la eventual continuidad de Santos representa la de su disposición a evitar a toda costa fricciones con el gobierno venezolano con miras a proteger y seguir avanzando en las negociaciones de paz, un triunfo de Zuluaga significaría, junto con cambios estratégicos en la búsqueda de la paz interior, un trato más abierto y franco de las divergencias con Venezuela.

Claro está que, a la hora de la verdad, lo dicho en la campaña tendría que pasar necesariamente por el filtro de un análisis más sosegado, como ya se anticipó en los ajustes de la posición de Zuluaga sobre los diálogos con las FARC. Pero hay asuntos a los que la campaña les ha devuelto visibilidad y que, por la salud del proceso de paz de Colombia y por la paz y seguridad de Venezuela, sería necesario mantener a la vista, gane quien gane la Presidencia. Sea con un Santos menos pragmático o con un Zuluaga menos estridente.

De lado y lado de la frontera no han cesado de proliferar bandas de crimen organizado entre grupos paramilitares, guerrillas y los cómplices más y menos insospechados en una siembra de corrupción, violencia y negocios ilícitos de toda suerte, entre los que el narcotráfico sigue siendo el más perverso.

El gobierno de Santos optó por dejar en segundo plano los problemas de seguridad fronteriza. Esto, potenciado por la actitud permisiva del gobierno venezolano, revela las fragilidades de la acelerada búsqueda de un acuerdo de paz que va dejando tantas trochas abiertas en la frontera como perforaciones en cada uno de los cinco temas que se negocian en La Habana.

En cuanto concierne a la situación política venezolana, el cultivo de una relación aparentemente fluida, pero frágil y superficial, que se revela en el pobre estado de los negocios y en una diplomacia gelatinosa, ha significado un empobrecimiento de la proyección regional constructiva que pretendía Santos cuando se propuso plantar más activa y responsablemente a su país en el panorama regional.

Gane Santos o gane Zuluaga, lo que conviene a Colombia es una política que tenga en cuenta que la paz y prosperidad de los colombianos también se juega en Venezuela, con los venezolanos.