• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

Santo que no milagrea

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Este régimen porfiado, obstinado, incorregible defiende sus miserias mediante una censura constante, terca, tenaz que parece entrar y salir, asomarse y desaparecer, saber e ignorar sin moverse un ápice del papel de interventor, reprobador, represor, ni dejar de exhibir su intolerancia. No le fue suficiente con pervertir Venezolana de Televisión y la televisora y la radio nacionales, cada una de ellas con larga trayectoria de relativo respeto y amplitud, convertidas en bastión sectario, dogmático, fanático de la intolerancia oficial… hubo de arremeter, con toda la carga de envidia, celos, resentimiento, contra los medios privados, primero con amedrentamiento, a cargo  de mercenarios, luego con multas, prohibiciones, denuncias de supuestas violaciones legales y, finalmente, ofertas de compra por parte de otros particulares que terminan de debilitar la vocería de la oposición.

Mientras, la población civil se prepara, quiéralo o no, para tratar de sobrevivir en una de las etapas más siniestras de nuestra historia, la de los aumentos de precios sin ton ni son, sin posibilidad de control porque no se puede controlar lo inexistente, una escasez pavorosa que eleva por las nubes los precios cuando el gobierno los quiere hacer caer e insiste en que se venda a 40 bolívares el kilo de carne que en todas partes cuesta más de 200.

Hubo un tiempo en que el  comandante divino (vaya usted a saber de cuántas maneras lo llaman desde que ingresó a los altares del siervo de Dios y el negro Antonio) se instalaba en su bunker de VTV en Los Ruices, especie de coliseo desde donde decidía el destino de cada uno de sus súbditos… y en una sola jornada anunció el despido de 22.000 trabajadores de la industria petrolera, a los que comenzó a mencionar con nombres y apellidos y el comentario impertinente de “¡tás raspao!” para luego seguir con la orden e desalojo de sus viviendas en los campos petroleros, el mayor genocidio laboral registrado en el país, y todo por haber salido a manifestar cantando “Uh, ah, Chávez ya se va”, después de la famosa lista de Tascón, aún vigente (ampliada y perfeccionada), para el ingreso a la administración pública.       

Si, como dicen, ya no hay divisas para importar comida, mucho menos debe haber para pagar elogios; malo para el actual gobierno, pues ya es sabido que santo que no milagrea a oscuras se queda.