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Amadeo Leyba

Salud pública y algo más

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El primero en ser ministro de Sanidad del presidente Hugo Chávez, el doctor Gilberto Rodríguez Ochoa, era un verdadero ejemplo de mística. A él le suceden más de siete ministros, de los tres últimos, la doctora Eugenia Sader quien, por su carrera castrense, tuvo como fortaleza la disciplina. De la colega Isabel Iturría, egresada cum-luden de la Universidad Central, destaca la inteligencia, y del sanitarista Francisco Armada, con posgrado de salud pública en la prestigiosa Universidad de Johns Hopkin, su reconocida formación profesional.

Preguntamos por qué la mística, la disciplina, la inteligencia y la formación por sí sola no han logrado mejorar la crisis sanitaria que padecemos. La respuesta no puede achacarse a falta de voluntad revolucionaria para con el sector salud, ya que históricamente las políticas de salud han ocupado papel preponderante en los llamados procesos de cambios.

Mantenemos en la memoria cuando a inicios de los ochenta, invitado como presidente de la FMV por el gobierno de Cuba para conocer su sistema sanitario, en una cena privada con Fidel Castro, nos dijo: “Los baluartes revolucionarios de Cuba son el de ser reconocida como una potencia del deporte olímpico, haber erradicado el analfabetismo y reducir ostensiblemente las cifras de mortalidad materna e infantil”.

Mientras nuestro modelo actual no cuente con un programa conceptual a corto, mediano y largo plazo, le será difícil salir del entrampamiento actual. Basta solo recordar en su momento el exitoso modelo de Barrio Adentro que logró acercar al ciudadano común a la atención primaria en su propio hábitat, pero que no le planificaron ninguna conexión con la red hospitalaria para las necesarias referencias de los pacientes que la ameritaban y que con el tiempo, lamentablemente, perdió la mayor parte del empuje que tuvo en sus inicios.

Este modelo debe revisar a corto plazo correcciones posibles, como son: migración de profesionales de la salud hacia otros países. En algunas especialidades médicas la formación puede durar más de 12 años y preocupa que áreas como neonatología, terapia intensiva, oncología, anatomía patológica y nefrología, tienen un relevo incompleto en la sustitución de los que se van.

El problema sanitario ambiental: el dengue, palabra castiza que significa diablo, se ha convertido redundantemente en una crónica endemia diabólica, y la malaria, nombre que proviene del italiano mal aire, por suponer que los vapores que emanaban de sus pantanos, por contaminación ambiental, eran el origen de la enfermedad, también tiene un repunte para algunos inexplicable.

No sé si el gobierno asimiló el “golpe mediático” internacional cuando en Europa se publicaba que el deportista olímpico Rubén Limardo estaba hospitalizado en Polonia por tener paludismo, enfermedad erradicada en ese continente y que el medallista olímpico lo había llevado de casa.

Mantenimiento: el avance tecnológico en salud requiere de mantenimiento permanente a costa de que no se paralicen los equipos. En la clínica privada que laboro se invierte para esta finalidad 20% del ingreso económico que originan estos equipos.

Atención ambulatoria: no debe seguir el modelo donde los hospitales públicos y las clínicas privadas se están convirtiendo en el primer nivel de atención médica. Esta desviación resulta ser costosa, engorrosa, deshumanizada y está colapsando los servicios de emergencia, que deberían ser solo para atención del tercer nivel.

Descentralización: la autonomía en operatividad y las competencias institucionales, dan por sí solas buenos resultados. La reforma de la Copre, que permitió la escogencia de gobernadores mediante el voto popular, y que tuvieron autonomía en áreas como la salud, son buen ejemplo de éxitos logrados en el pasado. Recordamos por su excelente gestión en salud al entonces gobernador de Aragua Carlos Tablante (socialista); Henrique Salas Romer, en Carabobo (centro derecha); Andrés Velásquez, en Bolívar (líder obrero); y Antonio Ledezma, en la extinta gobernación del Distrito Federal.

Diálogo: hago referencia a un debate televisivo por la elección presidencial entre Francois Mitterrand y Valery Giscard D’Estaing, en el que este último le decía al pueblo francés que él sí se ocuparía de los enfermos y desamparados, a lo que Mitterrand categóricamente le respondió que el “monopolio de la solidaridad humana no era exclusivo de una sola corriente política”.