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Ramón Hernández

Salto de lombriz

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Cualquier duda que existiera sobre la escasa catadura académica y moral de Heinz Dieterich fue aclarada en la entrevista que concedió a Patricia Janiot en CNN en español, en la que exteriorizó una vez más su egolatría –“mi artículo en Aporrea lo vieron 28.000 personas”–, su disposición a estar del lado del bando que supone ganador en la contienda que libran, por ahora, dos grupos del oficialismo, pero sobre todo su pésimo castellano: “Chávez no podrá ejecutar la Presidencia”.

Sería una extrema condescendencia con el autor de más de 30 libros, como informa su minibiografía en Google, achacárselo a un lapsus brutis, como la jerga revolucionaria ha trastocado el lapsus linguae o lapsus calami. Tampoco se le puede atribuir a un pastoso sentido del humor ni mucho menos a una crítica a la manera como se ha perpetrado el acto de gobernar en Venezuela en los últimos 14 años. Nunca quiso decir que “no podrá aplicar la pena de muerte” a la Presidencia, que es una de las acepciones de “ejecutar”. Siendo un sociólogo estudioso de la filosofía o alguien que la utiliza en la cátedra universitaria, así sea como simple instructor, debería ser consciente de las grandes desgracias que han ocasionado a la humanidad las traducciones mediocres, especialmente del alemán que manejaban Hegel y Marx, y del buen inglés de James Joyce.

Dieterich ni siquiera llega a calzar como un aventurero, pero su afán desproporcionado de querer atribuirse la autoría del sintagma “socialismo del siglo XXI” lo podría ubicar no como un pirata de los siete mares, a quienes guardamos desde la infancia cierta y contradictoria admiración, sino como lo que él niega ser: un intelectual parasitario, un aprovechador del sudor de otros. Que no sepa utilizar las palabras de manera adecuada desdice de su supuesta condición de pensador o de simple analista mediático, pero la pobreza argumental que “ejecuta” en su respuesta al chupatintas que le reclamó su deslealtad con el general Raúl Isaías Baduel, lo retrata como un soberano y reverendo gilipollas.

Habría que revisar cuántos dólares cobró de la partida secreta del Ministerio de la Defensa y si al corte del chorro le siguió su frase más luminosa y también más vengativa: “Hugo Chávez dirige un proyecto esencialmente capitalista desarrollista-burgués, con crecientes tendencias caóticas”. Ahora sabemos que Baduel no escribió la sarta de disparates que aparecen en el prólogo del libro de Dieterich, sino que fue el propio Dieterich. Los malos prosistas se delatan por lo que escriben de sí mismos en la contratapa y en los prefacios de sus cuadernillos para distraídos. Cerrado por fiesta de guardar.