• Caracas (Venezuela)

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César Pérez Vivas

Salarios justos

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En su interminable carrera de demagogia, mentiras y manipulaciones el gobierno autoritario venezolano, busca engañar a los ciudadanos con el cuento de que la pavorosa crisis que padecemos, es el resultado de una supuesta “guerra económica”, y que ellos son una especie de Goliat, luchando todos los días para “garantizarle al pueblo precios justos en la comida y otros servicios”.

Los responsables de la inflación y el desabastecimiento son los malvados comerciantes, industriales, agricultores y ganaderos. Nunca las nefastas recetas “socialistas” de intervención abusiva, de estatización de empresas; y mucho menos la estrambótica corrupción montada con la importación y distribución de alimentos y el resto de bienes que requiere nuestra sociedad.

Mientras todo este circo se repite diariamente desde el aparato de publicidad del estado, los salarios de los venezolanos se reducen a la miseria, y miles de personas son lanzadas a la informalidad y al delito como resultado de esa política populista y corrupta, que el socialismo del siglo XXI ha instaurado.

Someter a la mayoría de la población a humillantes colas para logar comprar algún alimento subsidiado en los almacenes del gobierno, como único camino para poder sobrevivir  con los salarios miserables que se ganan en Venezuela, constituye una afrenta que la cúpula roja no es capaz de percibir, porque ninguno de ellos se someten a las mismas. Para toda la estructura política y militar del régimen,  hay una línea directa de abastecimiento especial, que los hace inmunes a la humillación que significa el racionamiento y las largas esperas para abastecerse.

Son miles de millones de dólares los que se dilapidan y se roban en las cuantiosas importaciones de alimentos, línea blanca y otros bienes por parte del gobierno. Son miles de millones los que se pierden en sostener la gigantesca burocracia instalada para importar, almacenar, distribuir, y dizque controlar esos alimentos y bienes. Todo ese gasto gigantesco ha contribuido a elevar el déficit fiscal a niveles jamás conocidos en la historia presupuestaria de nuestro país.

Ese desastre financiero se ha montado en nombre de “los pobres”, presentándolo al país y al mundo,  como “un nuevo modelo”, como “un proceso de cambio”. Para nada eso ayuda a los pobres, para nada es un modelo nuevo, y para nada es un cambio. Es más y peor de las mismas recetas que ya habíamos experimentado los venezolanos en menor escala, y de las que se han vivido en otras naciones del globo.

La única forma como una persona puede atender a sus necesidades y superar la pobreza es contando con empleo estable y bien remunerado. Lo que está planteado son salarios justos, antes que precios justos. Porque los precios se estabilizaran,  y se podrá acceder a bienes y servicios, en la medida que haya libertad económica, se respete la iniciativa y la propiedad privada, y se levante el cerco de terror e intimidación a que está sometida la función productiva en nuestro país.

Con salarios justos, el ciudadano comprará lo que necesite en el lugar que más le convenga o le plazca. No se le forzará a someterse a largas e inhumanas colas. Podrá acceder a una diversidad de productos. Hoy tiene que conformarse con llevar lo que consigue, así sea un producto de pésima calidad, que es prácticamente lo cotidiano.

Con salarios justos el ciudadano no tiene que depender de la dadiva que el partido o el gobierno le otorga, y puede recuperar su libertad de elección, tanto en lo económico, como en lo político.

Con salarios justos mejorará la vida social, pues la persona va a poner toda su atención en cumplir eficazmente en su trabajo. Buscará superarse en su profesión u oficio. Hoy en día, las personas están en su trabajo pensando cómo hacen para completar los recursos necesarios para alimentar o curar a su familia. Ello genera ausentismo laborar y bajo rendimiento en el trabajo.

Con salarios justos podemos encontrar personas dispuestas a trabajar. Hoy en día miles de ciudadanos prefieren dedicarse a la informalidad o actividades ilícitas, con tal de logar el dinero necesario para su sobrevivencia y la de su familia.

Estoy seguro que la mayoría de los venezolanos aman el trabajo y quieren superarse. Ese ha sido un valor constante a lo largo de nuestra historia. Nuestros ciudadanos pueden vivir dignamente sin las dadivas del régimen. Para ello debemos trabajar en la construcción de una sociedad democrática y moderna, con una economía social y ecológica de mercado. Solo así será posible crear riqueza, por ende salarios justos, y precios justos. Vale decir ese es el verdadero camino a la justicia social y a la equidad. Las recetas del socialismo autoritario y atrasado que vivimos son todo lo contrario.