• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Ana María Matute

Onírico con Fidel

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El de Fidel

No hago más que preguntarme, maravillado de mí mismo, cómo fue que logré la hazaña dos veces. Estoy en estas cavilaciones justo cuando el avión aterriza en el aeropuerto de mi segunda victoria. Me lo propuse por allá por los años sesenta y lo hice, conquisté esta tierra hermosa al fin e hice con ella lo mismo que hice con la de más allá.

Desde el cielo se ven los ranchos, pero son ranchos dignos, sus habitantes son beneficiarios de muchos programas de salud y educación. Esas misiones me quedaron buenísimas.

Allá me cuentan, pero he venido porque quiero verlo por mí mismo. Largas colas de personas que van a buscar su litro de leche asegurado, su kilo de harina que lo tienen segurito allí, siempre en la misma puertica, cerca de su casa para que puedan llegar caminando, beneficio adicional para su salud.

La limosina me espera. Blindada, eso sí. Tengo sed, espero que hayan llenado la nevera con agua Perrier o Evian, que no se puede confiar en la de aquí; y con un whisky 18 años, por lo menos. Espero que no se les haya ocurrido que como vengo de allá lo que quiero es ron, ¡asco! Soy un héroe, no me merezco eso.

¡Ah! Las calles de Caracas sin tráfico, otro logro mío. Es que el consumismo era una cosa atosigante, todo el mundo en la calle gastando gasolina. Siempre me gustaron esos carros de principios del milenio. Unos cuantos aún circulan, se ven bonitos; igual que la gente vestida con ropa de hace 20 años, tiene su encanto. Y las bicis iraníes con esos aditamentos para llevar otro pasajero, pero quién iba a pensar que los venezolanos eran tan inventivos como los de la isla.

La Casona está igualita. Menos mal que pedí que se llevaran todas las obras de arte y los muebles Luis XV para mi mansión allá, porque aquí estos jóvenes ignorantes no saben cómo cuidar, mucho menos apreciar esas cosas. Eso sí, saben leer y escribir, y para eso las bibliotecas tienen libros con todos mis discursos.

El clima de esta ciudad enamora. Espero que los sargenticos estos me hayan traído la langosta de Los Roques esos, que para algo deben servir. Voy a darme vida unos diítas aquí. Total, es mi reino. Qué comandante eterno ni qué ocho cuartos, el eterno soy yo, aquí, disfrutando al fin de la República Venezolana de Cuba.

La enfermera abre la puerta, le toca la otra dosis de morfina. Fidel ansiosamente quiere seguir con su sueño.

 

El mío

Es impresionante. El presidente no quiere mucho a este alcalde, hasta trató de sacarlo por la vía legal, pero el tipo está duro. La mala suerte del alcalde es que en las elecciones salió reelegido el mandatario, así que les toca seguir en la lucha. Pero eso fue lo que decidieron los ciudadanos.

La verdad, esa pelea me tiene sin cuidado, lo que me interesa es que a esta hora de la mañana hay un tipo con braga azul, guantes y botas de hule limpiando ferozmente el pote de la basura que está instalado en la esquina. ¡Ay! y le echa agua con un carrito como los que se usan para lavar los carros. Con razón la ciudad no huele a basura.

Hoy es día de hacer mercado, domingo, como siempre, me toca. Voy a dejar la lavadora andando mientras aprovecho la ciclovía y llego caminando al hipermercado.

Para variar, y como no tengo apuro, voy a entrar por la parte de los electrodomésticos para ver los precios. Quiero una máquina para hacer pasta a ver si invento una sin glúten.

Estoy indecisa entre si comprar el paquete de 12 rollos de papel tualé de 500 hojas con zábila o el paquete de 8 de 300 hojas rosado, que combinan bonito con el baño. Me decido por el de zábila a ver qué tal. Cuando se acabe, compro el otro y listo.

¿Para qué voy a hacer pasta sin glúten? Aquí hay muchas marcas y muy baratas. Mejor ni me molesto. Voy por las arepas que hace la Polar. Las que vienen rellenas de queso doble crema son las preferidas de Mariana. Todavía me queda harina PAN, así que no compraré.

Aceite, atún, harina, leche descremada. Unos nuevos yogures, hay que probarlos. Voy a la parte de aseo personal. Desodorante en spray, este jabón para piel sensible, el champú liso extremo. Compré de más, como siempre, hasta un paté a las finas hierbas y queso cheddar.

Me monto en el taxi. El chofer me ayuda con las bolsas del mercado. Carrera 16 con 140. Hay un cartel plastificado con la lista de tarifas. El señor se llama Jairo Pinilla. Se ve que tiene tiempo en el oficio. Hay tráfico porque hay vías cerradas por la ciclovía. No importa, el taxímetro marca 3.000 pesos. Muchas gracias, muy amable. “Un gusto, señora”.

El portero me ayuda con las bolsas. Todo listo para ver el partido, que además nuestra selección está en el mundial. No importa que sigamos con el mismo presidente porque en unos años más hay elecciones. Mientras comienza el juego, a leer el gordo periódico del domingo. ¡Qué dicha!

Apenas hora y media y ya llegamos a Maiquetía. Mi hija me despierta, allí está la patria.