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Gerardo Guarache Ocque

¿Rock Vs. El resto?

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Leí con extrañeza el titular de El País de España, en el cual Henry D’Arthenay, líder de La Vida Bohème, decía: “Carlos Baute no nos representa como venezolanos”. La frase no recoge la densidad de un trabajo en el cual se desmenuza el trasfondo del álbum Será, que convirtió en una polaroid futurista la decadencia del presente venezolano. No es una idea que esté desglosada en la entrevista que hizo Yumber Vera, aunque rescato la habilidad de este gran periodista musical de tomar la frase más llamativa para atraer lectores españoles.

Quizá en el mundo de hace 10 años o más, el comentario no hubiera llegado a oídos del artista caraqueño, o éste no hubiese tenido el impulso de dirigirse a un medio de comunicación para responder. Pero en la era del 2.0 nada pasa por debajo de la mesa, mucho menos si está en el enunciado de la publicación.

Baute lo leyó y respondió con el enlace de su canción “Intenta respetar”, que no es otra cosa sino un llamado a la tolerancia. Y a eso, ellos respondieron: “Seguimos en Venezuela, Carlos...somos optimistas :) Un abrazo desde Caracas!”. Esto último podría leerse con inocencia como una pequeña dosis de camaradería; o, si se mira con malicia, puede entenderse como un mensaje sarcástico: se refiere al hecho de que el lugar de residencia de Baute –desde hace más de 14 años– contradice al coro de su hit de 1995 “Yo me quedo en Venezuela”.

Pero no quisiera detenerme en dos mensajes de menos de 140 caracteres, simplemente porque no hay manera de desarrollar una argumentación con tal limitación. Quisiera ir a lo primero: es muy difícil hacerse una idea de la imagen que tienen Venezuela y los venezolanos fuera de estas fronteras. ¿Somos petróleo, misses, malandros y chavistas? Obvio que no. Somos mucho más. ¿Es Carlos Baute representativo de la movida musical venezolana? No. Tampoco. Pero detrás de las palabras de D’Arthenay hay una idea que no tiene que ver con la diáspora. Es una idea que apunta hacia la distinción entre géneros musicales.  

“La gente en España, cuando te habla de Venezuela, sólo conoce a Carlos Baute, y, honestamente, él no nos representa”, dijo el músico: “Somos un pueblo muy complejo, cultural e intelectualmente, como para que nos dejen subyugados a la guaracha”.

¿Es Baute pura guaracha? No. Es un artista pop y, de paso, sí, es el cantante venezolano más famoso en España. ¿Es necesaria una lucha maniqueísta entre el rock y eso otro que no es rock? La declaración va en contracorriente del fenómeno de encuentro entre artistas venezolanos de planetas distintos, como el caso Rock & MAU. Pero apenas leí el titular, no pensé en eso. Más bien, recordé aquella disputa de micrófonos entre Fito Páez y Ricardo Arjona. El argentino citaba la fama del guatemalteco –por encima de la de Charly García– como un ejemplo de la aniquilación cultural que vivía (o vive) su país. También recordé una respuesta que Gustavo Cerati dio al respecto a menos de un mes de su accidente: “Es obvio que prefiero a Charly, no porque sea argentino, sino porque está más cercano musicalmente. Pero siempre hemos coexistido con cosas más lazy, más vagas y con más intenciones comerciales. Es mejor mirar a otro lado. Quizá la gente va a verlo porque le gusta. Fito es un artista al que quiero y admiro profundamente, pero fue desafortunado el comentario”.