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Beatriz de Majo

Reyes también en el mercado de arte

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Dicen los franceses que el arte contemporáneo desafía las leyes de la gravedad. Se refieren a que los precios de las obras de arte después de la crisis del año 2008 no han acusado los descalabros que han experimentado otras actividades en Europa, Estados Unidos y Asia. La venta de objetos y producciones artísticas han continuado con viento en la popa y ello es posible medirlo por la dinámica de las subastas de las grandes casas y galerías del sector. Ese sofisticado mundo no se ha detenido, en contraposición a las estrecheces protagonizadas por sectores como el inmobiliario, los automóviles y muchos artículos de consumo suntuario.

Una vez más son los chinos quienes se han estado encargando de mantener altas las cifras que hoy se pagan en las subastas por una obra de arte de Modigliani, de Francis Bacon o de Damien Hisrt. Para los asiáticos en general, a la cabeza de los cuales se encuentra China y particularmente Hong Kong, consideran las obras de arte como marcadores sociales, como productos de especulación o como refugio de capitales en espera de mejores tiempos.  

Lo cierto es que las ventas de arte también se han visto impulsadas por otros fenómenos como la facilidad del mercadeo a través de Internet, la altísima liquidez de que han gozado algunas economías y la utilidad que produce a su tenedor, capaz de dejar muy detrás a cualquier otro negocio transado en bolsa. Todo esto ha llevado a que en el año 2013 la cifra global de lo comerciado en piezas de arte alcanzó 12.000 millones de dólares, 13% más que el año anterior.

Este año las cosas van por caminos parecidos. Y de nuevo es la demanda china la que le da vigor a las salas de subasta de las grandes capitales del mundo. Sus coleccionistas se hacen discretamente presentes en cada competencia en París o Bruselas o  hacen sus posturas desde tierras remotas y en tiempo real a través de las líneas telefónicas o del ciberespacio. Los entendidos en la materia estiman que si los precios de los grandes artistas han estado subiendo en promedio 15% interanual desde mediados de los años 2000 es debido, en alto grado, a esta asiatización del sector. Llama la atención que mientras en 2008 solo 2 de las 10 casas de arte más famosas se encontraban en China, para esta hora por encima de la mitad de las poderosas se han ubicado allí.

Los mercaderes de arte son golosos y por ello han abierto sucursales en Pekín, Shanghai, Shenzen y, por supuesto, Hong Kong. ¿Cómo no hacerlo si China sola representa 35% de las ventas mundiales en obras arte con precios mucho más elevados que en otros polos del planeta? Un dato que dice mucho es que 17% de las piezas que se venden en el Imperio del Centro tienen precios que van de 50.000 a 1 millón de dólares.

A esto también contribuye la pasión de los chinos por lo propio. No solo es llamativo que en el gran país se estén construyendo 1.500 museos de arte contemporáneo que entrarán en operación en los próximos 5 años. Es que entre los 20 grandes artistas más cotizados a escala planetaria, 8 son originarios del gigante de Asia.

Aunque hay quienes afirman que se trata de una nueva e inesperada burbuja, la del arte, es cierto que de nuevo China es quien está marcando la pauta.

Por si acaso, es bueno retener los nombres de quienes pisan fuerte en ese sofisticado mundo: Zhang Xiaogang y Qi Baishi habían destronado ya a Pablo Picasso desde el año 2011.