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Roberto Enríquez

Revocatorio y diálogo

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Estoy convencido de que el revocatorio es inevitable para este año. Esa ruta constitucional que ha sido obstruida con un sinfín de barricadas y obstáculos, entró en una fase imparable. La comunidad internacional, con sus modos y sutilezas diplomáticas, está absolutamente vigilante de que el derecho al voto libre, universal y secreto de los venezolanos a través del mecanismo constitucional del revocatorio sea respetado. El gobierno está contra las cuerdas, y lo mejor que puede hacer es buscar una salida decorosa del poder…, y sin ánimos de ironizar, para eso hay que echarle una ayudadita.

En esta coyuntura, es menester fortalecer el mecanismo de mediación internacional por medio del grupo de amigos de Venezuela que debe formalizar la OEA. El revocatorio es la piedra fundacional del proceso de diálogo que debe iniciarse pronto en Venezuela. Diálogo entendido en términos concretos de negociación política tomando como guion las coordenadas impecablemente explicadas por Chúo Torrealba: “: A) Revocatorio. B) Libertad a presos y retorno de exiliados. C) Atender crisis humanitaria. D) Respeto a la AN (Parlamento) y la CRBV (Constitución Nacional)”.

El revocatorio y el diálogo son canales de una misma vía. No entenderlo es una pamplinada propia de amateurs, o, peor aún, un acto de traición al pueblo de Venezuela. Luis Aquiles Moreno, Timoteo Zambrano, Alfonso Marquina y Carlos Vecchio son políticos brillantes y curtidos, de insospechado compromiso con la Unidad Democrática. Todos debemos darles nuestro voto de confianza para cuando, inevitablemente, se formalice el proceso de negociaciones.

Todos debemos darles nuestro apoyo. En mi condición de presidente de la democracia cristiana venezolana considero que líderes como Pedro Pablo Aguilar, Oswaldo Álvarez Paz, José Curiel ,Abdón Vivas Terán, Ramón Guillermo Aveledo y Eduardo Fernández pueden ser factores de orientación estratégica, sabios consejeros, relacionistas y operadores internacionales de lujo, que pueden darle un formidable soporte a nuestros negociadores. Similares talentos podemos encontrar en otras corrientes del pensamiento político.

La salida democrática del gobierno del poder es un decreto popular. La burbuja palaciega de Miraflores se ha desinflado tanto que no hay manera de que Maduro no se dé cuenta de que el pueblo no lo quiere. Vamos hacia un gobierno de cambio y unidad nacional; pero ese gobierno debe hacerlo bien, actuar con amplitud y grandeza, dar resultados que acaben con el sufrimiento de nuestro pueblo y enrumben al país hacia derroteros de prosperidad. Si falla, en una vuelta de página, el chavismo o algo peor regresará al poder.

Desde el gobierno y sus factores políticos es lógico que quieran garantías a la hora de materializarse su salida constitucional del poder. Pues a ellos hay que responderles con las palabras de Chúo Torrealba, precisamente su garantía es “el respeto a la Constitución Nacional”. A la Unidad le tocará gobernar, al chavismo reinventarse, reorganizarse y relanzarse desde la oposición.

Ciertamente lo que planteo no es tan laxo y fácil como escribir un artículo. Pero el revocatorio y el diálogo son y serán este año. Por el bien de Venezuela. Amén.