• Caracas (Venezuela)

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Pedro Conde Regardiz

Retorno a la normalidad cambiaria

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Las regulaciones cambiarias instrumentadas por el gobierno deberían ser transitorias, no solo porque mantienen al país en una perjudicial  semiautarquía económica respecto del exterior, sino también por la necesidad de formular de manera permanente un nuevo esquema de nuestras relaciones económicas externas que signifique una ruptura con las ideas económicas subyacentes en y originario de la crisis cambiaria casi desde el comienzo de la gestión chavista. Pero, sobre todo, afrontar la indispensable inflexión que significa alejarse del pretendido socialismo de tendencia totalitaria (lo digo sin exageración por los indicadores evidentes), esto es, dar un vuelco político y tomar la senda de la inclusión, de entender que no se puede aspirar a desarrollar un país bajo la férula de la ineficacia estatal, al margen del valioso aporte del sector privado responsable socialmente y proveedor de la gran mayoría de empleos productivos. Parafraseando a Aristóteles: “El poder económico de un país es un mero medio para los fines políticos”. Pero tal poder es imposible lograrlo sin un acuerdo, un pacto, con los empresarios privados.

Pretender normalizar las operaciones cambiarias sin previamente transitar ese acuerdo es estimular más incertidumbre y desconfianza, factores demoledores de la estabilidad monetaria a causa de su influencia psicológica a través de las expectativas para el buen ambiente en los negocios. La economía forma parte de la complejidad social. El bolívar y Venezuela descenderían a los infiernos (“descente aux enfers”, como dicen en Francia). Renunciar corajudamente la vía cubano-comunista no es fácil para Maduro, pero también es verdad que, aunque nombre como ministro de finanzas al presidente del Citibank en medio del “establishment” gubernamental actual, no generará la confianza indispensable para el despegue de la actividad económica. Se requiere una reestructuración integral del tren ejecutivo. ¿Tendrá Maduro el poder, la voluntad política para realizarlo a pesar de la nefasta influencia cubana en todos los órdenes de la vida nacional? Si no lo hace es porque decide tácitamente continuar la “descente aux enfers”, lo cual implica que este gobierno es incapaz de enderezar el rumbo, aspiración tan ansiada por los venezolanos. Continuará arruinando al país. Y he aquí otra vez el problema político.

Ya no podemos continuar restringiendo únicamente las importaciones de mercancías sino que es preciso considerar todos los aspectos de la balanza de pagos (registro contable de las transacciones externas), es decir, tanto los flujos de capital que tienen contrapartida de bienes y servicios, como aquellas corrientes monetarias que no están vinculadas a la importación o exportación de mercancías y servicios, que son los movimientos de capitales generados por la desconfianza y la corrupción, fuente del fracaso, en parte, del gobierno y del sistema actual de control cambiario.

Una vez instrumentada la normalidad cambiaria se requiere, además, acompañarla con un cambio en la política monetaria, para que deje de ser una mera manipulación de la tasa de redescuento y de las tasas de interés que favorezcan o desalienten la entrada o la salida de capitales. De este modo se buscaría una mayor estabilidad y equilibrio en nuestras transacciones económicas externas y consecuencialmente un monto más apropiado de reservas internacionales.

En Venezuela se impone la tesis de conservar nuestras reservas internacionales, de resguardarlas de los impactos negativos provenientes del deterioro del valor de las exportaciones petroleras, de la tendencia creciente de las importaciones y de los flujos de capital sin contrapartida de bienes y servicios. Las divisas son un recurso escaso. Hay que utilizarlas de acuerdo con la finalidad de creación de bienestar social, no son únicamente para enjugar déficit y menos para financiar la fuga de capitales.

Es conveniente, entonces, elaborar otra política que tenga como horizonte la conservación de este otro recurso escaso y para lo cual es indispensable programar, de acuerdo con el interés nacional, el uso de las divisas, es decir, en función del desarrollo económico venezolano, lo cual implica revisar minuciosamente todas las importaciones, los pagos al exterior, las remesas de utilidades, las transferencias unilaterales. Y regular los movimientos de la cuenta capital no monetaria, recomendándose especialmente financiar las importaciones con endeudamiento nacional y no recurrir tan a menudo a los créditos del suplidor o de un banco extranjero. Conviene también examinar las transferencias de capital a corto plazo. Pienso que así estaríamos aproximándonos a una solución favorable y permanente al problema de los pagos externos de Venezuela y, en general, a las dificultades de nuestra balanza de pagos, pudiéndose volver así a la normalidad cambiaria, esto es, a la libertad cambiaria con cierta regulación que no obstaculice el libre flujo de las transacciones con el exterior, siempre y cuando se resuelva el problema político analizado anteriormente.