• Caracas (Venezuela)

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Juan Carlos Gardié

Retórica chimba
(Romper y armar)

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Luego de escuchar a diario al presidente de la república, antier fui a la panadería a tomar café para no hacer un batido de curare y zampármelo fondo blanco. Allí me encontré con mi amigo, el pastor Tovarcito, quien además es colega titiritero y amante del teatro.

—¿Viste el asunto? –le dije tan pronto nos tropezamos.

—No pude evitarlo –contestó pálido y continuó–. Sabes que yo no me meto en política, pero sí en sus consecuencias espirituales, que es mi fuerte. La escritura dice que el reino de Dios sufre violencia y solo los valientes lo arrebatan. No puedo entender cómo esta crisis solo es culpa de otros y nadie aquí se responsabiliza. Nosotros sí sabemos qué ha pasado y no me resigno a que el padre de la mentira siga actuando impunemente.

—Te entiendo. Sé por dónde vienes –contesté–. Yo sí me meto en política, y creo que esa continua apología de la violencia enerva las contradicciones de  la tan mentada dialéctica, acelerando el caos que a la larga será uno de los factores que terminarán por sacar del poder a estos rojitos cada día más desteñidos, por falsos e improvisados. Pura retórica chimba de primer semestre.

—¿Qué opinas del asunto de la euforia de Obama? –Inocentón preguntó.

—Me preocupa la euforia de Maduro cuando recién ahora descubre que en este país es necesario que los insumos, tecnología, maquinaria, divisas y demás yerbas aromáticas tienen que llegar a tiempo al sector agroindustrial para hacer un intento serio y responsable por lograr el autoabastecimiento alimentario –respondí de un solo jalón–, pero lo insólito es que pretenda hacer llegar a la clase campesina que trabaja desde siempre una semilla, una coa y un fusil. ¿Qué tal? Está claro que sueña con que el Niño Jesús le regaló, en diciembre pasado, un país como juego para romper y armar, donde romper significa destruir el aparato productivo que venía ya en ruinas por intervenciones, expropiaciones, corrupción, exceso de controles y otros refritos importados de siglo XIX y Cuba, y armar no quiere decir construir, sino continuar proporcionando armas a quienes, cual colectivos, más temprano que tarde se volverán en su contra porque no son tontos y sufrirán en carne viva la debacle que el gobierno traga poderes constitucionales genera desde hace lustros. Ya no pueden echarle le culpa a la IV. Acabaron con todo y no saben qué hacer, porque tercos se negaron a entender lo necesario de un cambio sustancial en las políticas económicas del Estado y siguen jugando a la comuna rusa, que es en realidad una ruleta. Resulta que Obama les abrió los ojos cuando nosotros se lo venimos diciendo desde hace 15 años. Por una parte hablan de desarme y por otra gritan que van a darle hierros a la gente. Como dice la gaita: pero les puede salir el tiro por la culata. Mientras tanto, seguimos con desabastecimiento, delincuencia récord, dólares por las nubes y el bolsillo como colador de espaguetis.

—Dios va delante de mí como poderoso gigante. Si Dios está con nosotros… ¿quién contra nosotros? –canturreó el pastor.

—Por el camino que vamos, debemos luchar para que ese invento de guerra no sea nosotros contra nosotros. Nuestro peor Satán es la ineficiencia forrada de poder y dinero. Con hambre no hay quien piense, y para cubrir las necesidades primarias es necesario atender la productividad dando prioridad a la creación de empleos activando el aparato productivo, no improvisando dádivas populistas con base en una renta petrolera que no resultó eterna, como alucinaron nuestros líderes militaristas de pseudoizquierda –acoté.

—Bueno, no te me pongas sociológico. ¿Cómo quieres el café? –dijo mi querido amigo, amante y militante de la doctrina cristiana.

—Negrito, con una de azúcar y siete de fe –sonreí al decir.

—Azúcar no hay –dijo el portugués, quien escuchó toda la conversa–. Tampoco hay leche completa, porsia se les ocurre pedir un marrón. En Madeira decimos que el que quiere comer camarones tiene que mojarse el rabo. A ver si al salir de aquí se ponen a trabajar y dejan de hablar mal del gobierno.

—Mira, recién llegao: los venezolanos trabajamos desde guarichos si es menester. Los enchufaos son los que beben café con solo apoyar trampas y, de paso, bautizan la bebida aromática con espirituosa de Escocia de 18 pa’lante –se le salió el calé al Pastor.

De un sorbo acabé la microtaza y fui a ver cómo mi equipo de beisbol disfrutaba su paso a semifinales. Lástima que Venezuela aún no clasifica. Estamos dedicados a soportar estoicamente cómo cambian nombres e inventan estados mayores hasta para ir al baño y con el agravante de ser encabezados personalmente por el nuevo protagonista de cientos de cadenas presidenciales.  Mientras tanto, las ruedas de prensa revelan no solo lo excesivamente abstracto del socialismo del siglo XXI, sino lo inasible y francamente absurdo de su condición, propia de La cantante calva.