• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Jesús Durán Zorrilla

Retazos de la historia: ¿Bolívar murió pobre o empobrecido?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

A propósito del escándalo que se presentó en días pasados en la Asamblea Nacional a raíz del retiro de todos aquellos cuadros del nuevo Bolívar y los de “Chávez con Bolívar”, tal suceso me trajo algunos recuerdos de las clases de historia en la infancia. Uno de los aspectos que fue más llamativo para mí, fue la idea del “estado de pobreza” en la que murió Bolívar, lo que por supuesto me generaba la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que haya muerto en esas condiciones? Con los años, pude observar que no fui el único a quien le contaron esa versión de la historia, ha sido en definitiva una idea que está muy arraigada en el imaginario popular, como muchas otras.

Quizá con el deseo obsesivo de romantizar la historia por aquellos que toda la vida irrespetuosamente han querido sacar provecho político del Libertador, han llevando su imagen como un estandarte, buscando asociarse a ella a tal punto de hacer creer a la población que tanto ellos como Simón Bolívar “pertenecen a la misma estirpe”. No hay personaje de la historia tan maniatado y aprovechado como el Libertador, muy especialmente por políticos que utilizan su memoria para hacer campañas políticas y asociarlo a sus partidos, lo que tiene un efecto perjudicial para el prócer de la independencia, particularmente cuando el político logra llegar a ser del hastío del pueblo, arrastrando también a la imagen con él. De esa manera, y por desgracia, se configura uno de los aspectos del empobrecimiento del Libertador como figura histórica.

Ahora bien, vamos a analizar otro enfoque de ese empobrecimiento, y es aquel relativo a la misma búsqueda de asociación con las clases populares, en la venta de la imagen de Bolívar como un individuo de escasos recursos al final de sus días, tal como hice mención en el principio del presente artículo. Entonces, la pregunta necesaria es ¿realmente tiene veracidad tal condición de Bolívar en su lecho de muerte?, la respuesta solamente la podemos hallar en su testamento, el cual ciertamente dejó. No haré una cita completa de dicho testamento pero sí de aquellos aspectos que desmienten aquella falsa idea de carencia económica o patrimonial que padeció el prócer de la independencia en sus últimos años de vida.

Comencemos, por mencionar que el testamento presenta como fecha de elaboración el día 10 de diciembre de 1830, siendo el deceso de Bolívar el día 17 de diciembre de ese mismo año. El mismo documento, entre otros aspectos sostiene lo siguiente:

“1a. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro señor que de la nada lo crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y están prevenidas por el Gobierno.

(…)

4a. Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del señor Juan de Francisco Martín, vecino de Cartagena.

5a. Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Poules y compañía, y prevengo a mis albaceas que estén y pasen por las cuentas que dichos señores presenten y las satisfagan de mis bienes.

6a. Es mi voluntad que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.

7a. Es mi voluntad, que las dos obras que me regaló mi amigo el señor general Wilson, y que pertenecieron antes a la Biblioteca de Napoleón, titulados “El Contrato Social” de Rousseau y “El Arte Militar” de Monte-Cúculi, se entreguen a la Universidad de Caracas.

8a. Es mi voluntad, que de mis bienes se den a mi fiel mayordomo José Palacios ocho mil pesos en remuneración a sus constantes servicios.

(…)

11a. Mando a mis albaceas, que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la conserve como una prueba del amor que siempre he profesado al expresado Gran Mariscal.

(…)

 13a. Para cumplir y pagar este mi testamento y lo en él contenido, nombro por mis albaceas testamentarios, fideicomisarios, tenedores de bienes, a los señores general Pedro Briceño Méndez, Juan de Francisco Martín, Dr. José Vargas y general Laurencio Silva, para que dé mancomún et insolidum entren en ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de albaceazgo, pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre, franca y general administración.

14a. Y cumplida y pagado este mi testamento y lo en él contenido, instituyo  y nombro por mis únicos y universales herederos en el remate de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras sucesiones en que haya sucedido y suceder pudiera, a mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar, y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, con prevención de que mis bienes deberán dividirse en tres partes, las dos para mis dichas hermanas, y la otra parte para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para que lo hagan y disfruten con la bendición de Dios. (…)”.

Del extracto anterior, se deduce que si bien no se puede determinar con exactitud la posesión monetaria de Bolívar (salvo lo que asigna para su mayordomo), existieron posesiones de un alto valor económico, las cuales, desde el punto de vista jurídico, por tratarse de un testamento, permanecieron en su posesión hasta el momento de su muerte, ya que de haberse repartido todas sus pertenencias estando en vida, necesariamente se configuraba una donación y en consecuencia se consideraría válida la tesis tradicional. Por lo tanto, el Libertador conservó un importante patrimonio que desmitifica la situación de miseria de los últimos días de su vida, generada por aquellos que han pretendido modificar la historia.


jesusduranzorrillaprensa@gmail.com

@duranzorrilla