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Álvaro Requena

Retaliación y asfixia

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Actitudes despreciables que no siempre están ligadas a un hecho anterior, muchas veces lo están a un hecho o suceso por acaecer, producto de mentes atormentadas por la envidia, complejos, paranoia y pasión por destacarse, sin pasar por el trabajo, la constancia, la reflexión, la creatividad y el respeto por las personas, leyes y costumbres.

Es más fácil destruir que construir y además parece que se está haciendo algo; luego se culpa a los demás de que las cosas estén mal o ya no estén.

En ese juego desesperado de destruir por asfixia y reprimir por retaliación están las claves de la Venezuela actual. Se ahoga, se paraliza o no se constituyen las empresas y con el miedo se paraliza al individuo y se adormece a la sociedad.

Llevar a cabo los mandatos básicos del anacrónico manifiesto comunista exige una disciplina ideológica muy comprometida, con ideas muy claras y desprendidas de cualquier debilidad socio-cultural o compasión. Es una actitud general, no especial ni específica, la lucha del proletariado sólo es contra la burguesía y sus constructos. Aspira al cambio a través de la destrucción, pero no en forma de venganza personal o política, ni basada en la mentira, el ocultamiento, la complicidad y la patraña, aunque estimula el odio y la lucha de clases.

Está mal que una revolución obtenga cambios basados en el chantaje, la represión, la retaliación y la complicidad partidista para proteger las ineficiencias, corrupciones y desapego a las leyes y la Constitución, de quienes pretenden imponer su voluntad y persona. Acciones todas que la sociedad maltratada entiende como delito, tipifica como complicidad y cataloga como capitalistas y fascistas. Ya deberían saber que ese no es el camino, pues, sistemáticamente, han fracasado en todas partes, incluyendo Cuba.

Ha sido muy visible en los últimos veinte años, el socialismo nórdico; que funciona sin retaliaciones, estrangulamientos ni complicidades que oculten malversación, corrupción o negligencia, confía en el ciudadano y estimula su autonomía. Siguen avanzando en bienestar, salud, educación, seguridad personal y jurídica, crecimiento y abastecimiento. Varios países van por esa ruta. Nosotros vamos para atrás, pero nos dicen que vamos para adelante; contrasentido propio de quienes no saben lo que hacen y creen que lo están haciendo bien porque se retroalimentan de ignorancia y abuso de poder.

No es vengándose de los policías, jueces, políticos de la oposición, estaciones de radio y televisión, ni protegiendo a los negligentes, corruptos e incapaces o devaluando poco a poco, entrabando, confiscando y aislándose, que se arreglan las cosas. Es con claridad, transparencia, contundencia, equidad y sentido común. Valores de los que hace gala el papa Benedicto XVI. Comprendido por todos, generador de esperanzas infinitas.