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Monseñor Luis A. Tineo R.

Sobre la Resurrección de Cristo y su significación actual

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El Domingo de Resurrección o de Pascua es el día más importante de la Semana Santa porque la pasión y muerte de Jesús, El Cristo, adquieren un sentido y una trascendencia histórica a partir, precisamente, del acontecimiento de su Resurrección. La certeza inconmovible que generó en los testigos este  acontecimiento inédito, constituye la base históricamente fundante  en torno a la cual surge la Iglesia y no lo contrario.

“Les anunciamos esta Buena Noticia: que la promesa hecha a nuestros antepasados, Dios la ha cumplido entre nosotros, sus descendientes, resucitando a Jesús…” (Hech 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, trasmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.638).

Históricamente hablando, la Iglesia cristiana y católica –es decir, “universal” por su naturaleza y misión-  es el fruto de la convicción personal y comunitaria  de una generación de testigos de la Resurrección de Cristo. Se podrá seguir investigando, analizando y especulando, con mayor o menor fundamentación, acerca de la fenomenología o de la singularidad inédita de la realidad que originó una convicción  tan profunda.  Pero la solidez de esta convicción en la primera generación cristiana,  fue refrendada visiblemente por el notable cambio que se produjo en su manera de vivir y en no pocas ocasiones, con la ofrenda libre y gozosa de esa vida, frente a las pruebas y persecuciones a que fue sometida, convirtiéndose  así, muchos de ellos, en mártires de su fe y de su esperanza en Cristo Jesús y de su gran fraternidad ante los ojos del mundo.

Los cuatro Evangelios canónicos no intentan siquiera “describir” fenomenológicamente el acontecimiento singular de la Resurrección de Jesucristo. Pareciera que no lo consideraron necesario. En sus relatos se limitan a señalar que el hallazgo del sepulcro vacío adquiere una significación definitiva con los repetidos encuentros, individuales y comunitarios, de Jesús Resucitado con sus discípulos. En todo caso, se percibe una tendencia a desplazar el acento del testimonio del sepulcro vacío al encuentro personal con Jesús.

En la 1ª Carta de S. Pablo a los Corintios, un texto anterior a la redacción de los cuatro Evangelios, Pablo  dice que “les trasmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;  que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que se  apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros han muerto. Luego se  apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí…”  (cf. 1ª. Cor 15, 3-8). Años antes de escribir esta Carta, Pablo había tenido la experiencia de un encuentro con Jesús  Resucitado, evento que cambió radicalmente su vida para siempre.

El Evangelio según S. Mateo nos da una luz acerca del sentido actual de la Resurrección de Cristo, por la manera como comienza y termina el relato. Al comienzo nos presenta a Cristo como el Emmanuel, es decir, como “Dios-con–nosotros”. Y al final termina con las palabras de Jesús Resucitado: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28,18-20). Esto quiere significar que todo lo que acontezca en este ínterin es la historia de cómo el Altísimo vino a estar con la humanidad y a quedarse entre nosotros de una vez para siempre.