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Pedro Conde Regardiz

Restauración de potencia rusa con gas y petróleo

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En la escena internacional hay una relación de dependencia entre dialéctica y teoría de las relaciones internacionales en el sentido de que si, en un principio, la teoría origina el método, en el curso del desarrollo de éste, la dialéctica incide sobre la teoría y la modifica sustantivamente, máxime con el desarrollo de los eventos que metodológicamente se analizan.

Generalmente se comienza a trabajar en la resolución de determinados problemas internacionales con un esquema hipotético: la existencia de entidades subsistentes, aisladas y singulares que obran como estados, empresas, organismos internacionales, ONG, contentivos de elementos cuyas relaciones arrojan contradicción que por añadidura forman un sistema tan complejo en el cual hay que buscar explicaciones, aclarar algo per alio, no per se. En nuestro caso actual, se trata de indagar, de intuir, la hipotética construcción que ha imaginado la élite gobernante en Rusia, especialmente Vladimir Putin, para restaurar el ansiado y nostálgico poderío ruso. Es preciso, además, buscar explicaciones pragmáticas que podrían convulsionar las relaciones internacionales dialécticamente.

En 1989, desplomó el muro de Berlín, hace hoy 25 años. Tomó contenido aquella expresión de mi profesor en Alemania: Der grosse Traüme, esto es, la unificación alemana, que aludía cada vez que conversábamos, muchas veces en Francés, porque deseaba practicarlo (cuando regresé a Caracas le conté a mi estimado colega diputado Juan José Caldera que tenía la impresión de que el muro caería, él me lo recordó un día algunos años después que cayó); el bloque soviético se disgrega. Occidente se ríe ante el espectáculo de tal triunfo. La URSS ha perdido la batalla; su fuerza militar, su economía, sus extraños valores fueron reducidos al vacío, sobre todo, al divulgarse, al salir de la oscuridad, opacidad, en 1989, por todos los medios europeos, como me consta por los leídos y vistos en Paris, las extravagancias, lujos y corrupción de los gobernantes comunistas, sus familiares y allegados (como saldrán en Cuba y ya salen aquí desde hace cierto tiempo).

En frente, júbilo en Occidente, mayormente en el paladín de la libertad: Estados Unidos que consolida su rol de superpotencia. Un nuevo orden mundial de diseña en los espíritus. Ahora no se piensa en un mundo bipolar sino  multipolar, suena la hora, doblan las campanas de la feliz globalización. Una era democrática se abre, brillan los ojos porque hay regocijo en la humanidad. Por estas bellas perspectivas la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE) firma el acta de Paris, 21 de noviembre de 1990. ¿De qué se trata? Pues de mejorar los vínculos Este-Oeste al atraer los antiguos países comunistas. Los acuerdos de Helsinki (1975) habían ya originado un diálogo multilateral: el acta busca reforzarlo al proponer cooperación económica, militar y humana.

La CSCE es ahora la organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). El 5 de diciembre de 1994, Estados Unidos, Rusia, Ucrania y el Reino Unido firman el memorándum de Budapest: en el marco del tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, Ucrania acepta confiar su arsenal a Rusia, que lo desmantelará; a cambio, Bill Klinton, Boris Eltsine, y John Major se comprometen, delante del presidente ucraniano Leonid Koutchma, a respetar la independencia, soberanía y fronteras existentes de Ucrania. Se estipula además que los países signatarios reafirman su obligación de abstenerse de amenazar o de emplear la fuerza contra la integridad territorial o independencia de Ucrania, y que ninguna de sus fuerzas armadas será empleada contra Ucrania, salvo en caso de legítima defensa o en conformidad con la carta de la Naciones Unidas.

En 2014, todo salta en pedazos. Vladimir Putin violentó todos los tratados internacionales: No es posible ahora alimentar cualquier ilusión: Rusia ha devenido un actor mayor en el tablero internacional, aspirando siempre a más de poder. El presidente ruso multiplica las acciones en este sentido. El antiguo miembro de la KGB desea establecer la grandeza del Estado ruso estructurando un imperio post-imperial. Quiere fundar una unión euroasiática que sería una vasta zona de libre comercio entre los países de la ex Unión Soviética: En la lista figuran Georgia y Ucrania, que es muy importante para restituir la esfera soviética. Rusia ha entrado en una fase ofensiva; desde 2013, se observa una escalada cada vez más inquietante. Occidente, al para que trata de calmar la situación comete muchos errores; a medida que aumentan las diferencias se tiene la impresión de asistir a un diálogo de sordos. ¿Qué busca realmente Putin? ¿En qué medida se comprende la mentalidad rusa? ¿Cuál estrategia adoptar? ¿Qué relaciones quiere Occidente con Rusia?

Entre tanto, Putin acusa a Occidente, concretamente a Estados Unidos de haber fomentado las perturbaciones. Las “revoluciones de color”, Maidan y las actividades de la extrema derecha no son más que conspiraciones. Como antiguo KGB, ve manipulaciones por todas partes. Y entra ahora en una fase megalómana, creándose una imagen: Putin cabalga osos. Putin vuela con las cigüeñas. Putin nada en un lago de Siberia. Y como divorciado, acaba de realizar un gesto con la esposa del presidente chino en la reciente reunión de los países ribereños del Pacífico.

Subyace en toda su estrategia la cuestión energética. Utiliza el gas y el petróleo en sustitución, o en complemento, de los tanques de guerra, los cohetes, los caza bombarderos, las muy bien entrenadas y equipadas tropas. Según convenga, cierra la llave del gas, controla todas las redes de distribución hacia Occidente, busca apoderarse, mediante subterfugios asociativos, de las reservas petroleras por más de 38.000 millones de barriles localizadas en Kazakhstan, Turkmenistan, Uzbekistán, Kyrgyzstán, Tajikistán y Azarbaijan.

La propaganda rusa jamás ha estado tan activa. Es preciso comprender las declaraciones extravagantes de un pensador como Alexandre Douguine: “Los europeos son todos degenerados; el matrimonio para todos lo prueba; los vamos a conquistar”, del economista Sergueï Glaziev o del periodista Dmitry Kiselev: “Es necesario arrancarle el corazón  a los homosexuales para evitar que su enfermedad se transmita”. Ahora no es como en el pasado, Estados Unidos está en retirada; para 58% de los estadounidenses, los asuntos internos pesan más que los externos; 64% de burla de Ucrania. A causa de las expediciones fracasadas el público es ahora más aislacionista. Evidentemente, Putin saca las cuentas: los estadounidenses están ocupados en otra parte y los europeos están concentrados en los homosexuales, el campo está libre, al menos esto es lo que tal vez él piensa.