• Caracas (Venezuela)

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Marcos Tarre

Resistencia delictiva

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El alto nivel de impunidad, mantenido durante tanto tiempo, –15 años– ha generado todo tipo de distorsiones en Venezuela. Delincuentes y malandros se malacostumbraron a realizar tranquilamente sus fechorías, el delito ocasional se convirtió en una actividad estructural, en un medio de vida; los  funcionarios policiales indolentemente podían ver faltas y delitos a su alrededor sin darle ninguna importancia. Los pocos criminales detenidos sabían que su libertad tenía un precio y el ciudadano, encerrado, acosado, asustado, rezaba y rogaba a sus dioses o a su suerte para no sacar un número en la macabra lotería delictiva. Gradualmente el hampa se fue adueñando de calles, tiempo y parcelas cada vez más grandes en territorio.

Tan largo y escalonado ha sido el proceso de deterioro de la seguridad ciudadana que no extraña que cuando las autoridades, en este primer trimestre de 2014, intentan algunos tímidos correctivos, se consigan con barreras y con fuerte resistencia.

Los hechos más violentos se registraron en los Valles del Tuy. En días pasados una comisión del Cicpc ultimó a tres presuntos miembros de la banda Los Orejones. Las represalias de sus compañeros de banda no tardaron. El jueves 30 de enero atacaron un módulo de Polilander ubicado en Aragüita II. La ciudad de Ocumare vivió cinco horas de angustia y tiroteos. Hubo que enviar refuerzos desde Caracas para restablecer el orden y proteger las diferentes sedes policiales. Los delincuentes utilizaron armas automáticas y fusiles de asalto. El resultado: 10 personas heridas.
Pero la violencia no se interrumpió. Continuaron los incidentes y el 3 de febrero miembros motorizados del grupo delictivo atacaron con bombas molotov la sede de Polimiranda de Ocumare y dispararon contra los funcionarios que cuidaban las instalaciones.

Los sucesos de los Valles del Tuy no son los únicos ocurridos en el país. En otras latitudes, grupos que se dedican al “bachaqueo”, es decir, el contrabando de gasolina y productos de precios regulados hacia la vecina Colombia, escenificaron también sus protestas luego de la detención de unos camiones cargados de mercancía y del anuncio, en el estado Zulia, de adelantar medidas para reducir esa actividad ilegal.  Primero un grupo bloqueó por varias horas el acceso al puente General Rafael Urdaneta sobre el lago de Maracaibo. Días después, grupos de “bachaqueros” generaron disturbios en el pueblo de Guarero en los que resultó una persona muerta; en el sector Los Olivos, en Maracaibo, se originó un enfrentamiento cuando una comisión de Polizulia procedía a retirar alimentos regulados retenidos ilegalmente y tres funcionarios resultaron heridos. Otro día un grupo rodeó y atacó con bombas molotov el comando de la Guardia Nacional Bolivariana en Carrasquero, municipio Mara en el estado Zulia, que causaron 10 personas heridas.

En otro orden, ante el anuncio de medidas para restringir el uso de motocicletas en horas de la noche, algunos motorizados han escenificado diversas protestas en Caracas y han trancado importantes vías de la ciudad. Como puede evidenciarse de esta serie de incidentes no es fácil tratar de enderezar rumbos ni revertir una situación de desbordamiento delictivo generalizada. Sin embargo, tiene que existir la voluntad para mantener las medidas permanentemente, así como unidad de criterios y coordinación en todos los niveles de gobierno. Algunos delincuentes piensan que son medidas pasajeras y al igual que ha ocurrido en el pasado reciente, al cabo de unos días caerán en el olvido. El país y los ciudadanos honestos esperan otra cosa…