• Caracas (Venezuela)

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Ignacio Ávalos

Resetear el país

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I.

Apenas anunciados por el CNE, el presidente Maduro reconoció, los resultados del 6-D. Fue un gesto político importante, pues contribuyo a disipar los rumores que presagiaban dificultades y conflictos y ayudó a que la jornada electoral terminara en paz. Pero el gesto fue de vuelo corto. Usando luego un lenguaje hostil, como suele ser el lenguaje cuando se emplea para contar una derrota, desvalorizo las cifras y se desentendió de las consecuencias políticas que se generaron a partir de los comicios parlamentarios.

 

II.

El país de estos días no pareciera ser mejor que el que pudo ser si pensamos en el viento a favor que tuvo el gobierno a lo largo de estos años. Así, en medio del déficit de información oficial en el que nos toca surfear a los venezolanos, diversos estudios (destaco entre ellos los realizados conjuntamente por la UCV, la USB y la UCAB), muestran que la situación nacional deja mucho que desear. La política se encuentra secuestrada. La economía nacional genera colas y desabastecimiento. La situación social se muestra de regreso a cifras parecidas y hasta desmejoradas con respecto a las de hace dos décadas. La institucionalidad se ha vuelto una cosa maleable en función de los intereses que la presionan. La educación asusta en todos sus ámbitos. El desarrollo tecno científico guarda poca relación con los códigos que descifran el futuro. La violencia se ha hecho costumbre y la corrupción ha marcado de manera decisiva la orientación de la gestión pública. En fin, no estamos nada bien como estamos.

Mientras tanto, para el gobierno el país pareciera ser algo que sucede en un relato, escrito en clave de hipérbole, en donde todo lo anterior no pasa o, si pasa, es únicamente imputable a un menú variado de conjuras, ideado por poderosos enemigos. Se trata, en otras palabras, del país versionado a sus anchas por un gobierno que se ha desempeñado en buena medida al margen de los dispositivos democráticos (vigilancia legislativa, debate público, rendición de cuentas…), inventados para que no se pierda la cordura en medio del vértigo propio que ocasionan las alturas del poder. Un gobierno, así pues, en manos de una dirigencia auto referenciada, ocupada de mantenerse en el poder y que perdió la sintonía con la gente, siendo capaz de decir, por boca de una importante dirigente del PSUV, que las colas eran ''sabrosas'' y hasta revolucionarias.

Un gobierno, en síntesis, que profanó el pensamiento político de la izquierda humanista moderna y tomo para si lo peorcito del cuestionado socialismo del siglo XX.

III.

El legado de Hugo Chávez se hizo palabra sagrada dentro de las filas bolivarianas y nadie fue capaz de hallar en sus páginas ninguna causa de que explicara nuestros problemas actuales, como tampoco los halló en su gestión de gobierno, cuyos logros, hoy en día en suspenso, tuvieron que más ver con el boom, largo, pero el fin de cuentas pasajero, de los commodities, que con aciertos derivados de la propuesta presumida y confusa de la revolución bolivariana.

Luego del revés electoral, el Presidente Maduro no habla, entonces, de corregir estrategias, políticas y conductas, sino de reimpulsar la revolución, lo cual debe entenderse, imagina uno, como la continuación del modelo esculpido en el Plan de la Patria, objetado por los electores hace un mes. Y en la alta dirigencia chavista no se ve, al menos durante esta etapa de duelo electoral, la intención de repensar las cosas, aunque se sabe que en algunos rincones del PSUV cobran fuerza, pero en voz bajita, casi a nivel de secreteo, críticas severas que sugieren desandar caminos y bosquejar otras rutas.

 

IV.

Se nos vienen encima tiempos complicados. Hay que resetear al país, si se me permite la exageración a través de una metáfora tomada del mundo de las computadoras. Tenemos la necesidad de hacer balances a punta de cifras y honestidad política. De cambiar de esquemas y maneras para atender las dificultades que presenta la actual coyuntura, pero sin perder de vista los problemas de fondo, los que remiten a las estructuras que soportan el funcionamiento del país. Años complicados, dije, en los que, por ahora habrá que limitar y regular nuestras expectativas.

La tarea habrá que hacerla a partir del nuevo diseño político e institucional salido de los números del 6-D.Una tarea que toma tiempo y ganas, pero también toma democracia, mucha democracia. ¿Habrá que reiterar la obligación del dialogo para negociar y suscribir ciertos acuerdos básicos, imprescindibles de cara a los múltiples aprietos nacionales? ¿Acaso no fue esa la orden dada por el pueblo en las urnas?

¿Estará el liderazgo político venezolano, tanto oficialista como opositor, a la altura de las circunstancias? Asusta no tener una respuesta libre de dudas.

 

Harina de otro costal

Aunque reconozco que suena algo presuntuoso, permítaseme decir que el domingo pasado hice el lanzamiento inicial en el juego entre La Guaira y Caribes, el segundo del play off de nuestro béisbol. Fue gracias a la generosidad de la directiva de Los Tiburones y a propósito del bautizo de “Memorias de un feligrés”, el libro que escribí sobre el equipo escualo. Luego de entrenarme como picher durante varios días solo alcance a lanzar un piconazo que, afortunadamente y para resguardo de mi dignidad, viajo hasta el home con aceptable velocidad y cayó en la zona de strike.

Confieso, además, que ese día, en el Estadio Universitario, me sentí como si me hubiesen dado la Orden del Libertador en primera clase.