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Ramón Hernández

Relojes caros, sueldos bajos y dentadura postiza

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El protector del estado Miranda, Elías Jaua, gana como ministro 1,6 salarios mínimos: 11.000 bolívares y después de entregarle el sobre con sus estipendios a la nana que le cuida a los hijos y le carga el revólver Smith & Wesson, del especial, apenas le queda dinero para 2 pollitos y 2 kilos de caraotas. Sin embargo, con la magia del socialismo y los menesteres del proceso, puede lucir como un dandi, renovar la dentadura y conseguir gel para peinarse como cuando salía del baño del Aula Magna bañadito después de una intensa jornada de jueves encapuchado.

Es un gran ahorro para su disminuido presupuesto que desde sus tiempos estudiantiles tenga por ley no consumir hamburguesas de ninguna marca, incluidas las bombas que preparan en la calle del hambre y los criollos choripanes. Con la hiperinflación y el deterioro progresivo y acumulado de los puntos de ventas, junto con la no aceptación de cheques, obligan a llenar la maleta de billetes para poder pagar un par de combos y tres cajitas felices, pero su arte debe ser más complejo, no simple exclusión del negocio de los Arcos Dorados que de manera tan sexy anuncia Maripili.

El protector de Miranda, que casi equivale al título de venerable, ha resultado –a la sombra de los manualitos de Marta Harnecker y los textos de corta y pega de J. R. Núñez Tenorio– un verdadero Tomás Sánchez de las finanzas, un mago. Como este raudo amigo de Jorge Giordani, Jaua, ayudado por su socio Juan Carlos Loyo, que fue ministro de Agricultura y Tierras y director del Instituto Nacional de Tierras en su gestión como vicepresidente, supo multiplicar sus egresos sin que se vieran afectadas sus declaraciones del impuesto sobre la renta, y sin perderse dilapidosas vacaciones en los más lujosos y caros resorts, uno de ellos en el sur de la isla de Tenerife, protegido por ocho guardaespaldas y las atenciones de dos niñeras.

Habiéndose comprobado que el socialismo a lo Jaua funciona, que no genera las catástrofes ni las hambrunas ni la corrupción generalizada de los modelos colectivistas impuestos por Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot y los hermanitos Castro Ruz, entre otros, proponemos que el protector de Miranda comparta su fórmula, que nos enseñe a vivir igual que él, ni más ni menos, con los 3.500 bolívares que le quedan del sueldo, en especial ahora, cuando la canasta básica llegó a 79.000 bolívares y en “milímetros de segundo” se puede multiplicar por la hiperinflación incontenible. Vendo calculadora y ábaco genuinamente chino, importado por Rafael Ramírez.