• Caracas (Venezuela)

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José Luis Saboin-García

Relato de una crisis de balanza de pagos en cámara lenta

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No perdamos la perspectiva, en Venezuela ahora es cuando estamos en plena crisis económica, esas de cuando hay problemas para cumplir con las transacciones con otros países, es decir, de la balanza de pagos externos, al menos desde finales del año 2012 o durante los últimos 5 trimestres hasta la fecha. No es que ya pasó y se resolvió, como generalmente ocurre con este tipo de crisis, es que esto pica y se extiende.

La experiencia en otros países muestra que, generalmente, las crisis de este tipo son profundas pero cortas; es decir, viene un bajón que dura uno o dos trimestres y luego una subida que, si las medidas tomadas para resolverlo resultan exitosas, llega a un punto en que los flujos de pagos externos aumentan y, en el mejor de los casos, se estabilizan. Esto es así porque el país (llámese: las autoridades y demás actores de la vida nacional) asume el costo del imprevisto en algunos casos o de los errores cometidos en otros, busca remediar el problema y evitar que la crisis vuelva a ocurrir (nadie quiere tropezarse dos veces con la misma piedra), previniendo así las dolorosas consecuencias que esto tiene en la población. Pero, cuando las medidas (políticas económicas) no son las adecuadas o no se quiere asumir el error, la crisis puede mantenerse y hasta empeorar.

Pero cómo y por qué pasan estas cosas, se preguntan todos los venezolanos. El famoso: ¿cómo se come eso? 

Bueno, resulta que en este tipo de crisis algo pasa en los flujos de divisas que entran a un país (en este caso Venezuela) que hace que estos disminuyan (puede ser porque caiga el precio del petróleo en los mercados internacionales, caiga la producción de petróleo, caigan las exportaciones diferentes a las del petróleo, suban las tasas de interés, aumenten desproporcionadamente las importaciones de bienes y servicios, hayan pasivos intangibles en los activos externos de dicho país, aumente el endeudamiento externo, salgan los capitales internos y no entren los externos o todas las anteriores) haciendo que dicho país no pueda cumplir con sus compromisos de importaciones de bienes y servicios, pagos de rentas (dividendos de empresas extranjeras), servicio de la deuda y transferencias corrientes (remesas) con los países que negocia.

Esta situación trae como consecuencia un ajuste, uno solo (serio, discutido y bien elaborado) como se mencionó anteriormente, que puede ser, generalmente, a través de los precios (devaluación del tipo de cambio) o, menos frecuente, a través de los volúmenes y montos (reducción de la cantidad de bienes y servicios importados, los pagos de dividendos de las remesas y, en casos extremos, del servicios de la deuda externa. Sin embargo, como se mencionó al principio de este escrito, el problema es que en Venezuela la población tiene cinco trimestres o más (considero que son más pero ese es otro tema, el punto aquí es que desde hace cinco trimestres se agudizó) padeciendo, con o sin razón, para bien o para mal, con culpa o sin culpa, las penurias de este tipo de crisis: una crisis de balanza de pagos constante o en cámara lenta, esperando con ansias que termine, y ojalá que sea porque el país decidió resolverla y no porque se desplomó el precio del petróleo, como dice la canción de Alí Primera: “oootra vez”.  

Y ¿cómo se siente la crisis?, preguntan los extranjeros.

La crisis de balanza de pagos, término que parece que solo lo manejan expertos, es algo que la gente vive todos los días, desde que se toma un café en la mañana (si hay) hasta que se acuesta a dormir en la noche (si sobrevive durante el día); suena duro, pero es la realidad de todos… o bueno, de casi todos.

Este tipo de crisis se ha caracterizado en que la escasez de bienes se ha convertido en algo generalizado. Pero, ¿qué vaina es esa? Antes de caer en definiciones técnicas, vamos a estar claros: en pleno siglo XXI, donde desde China hasta Colombia es hasta grotesco ver cómo hay tanto de todo, escasez es que te metas en cualquier supermercado bien equipado (como un Plansuárez o un Bicentenario) y no consigas ni un bien de los que quieres comprar y tengas que ir a otro lado, punto.

Bueno, durante los últimos cinco trimestres ha habido, aunque no constantemente mas si en algún momento, escasez de todo: harina para hacer arepas y tortas, carnes y aves, pescado, granos, frutas y vegetales, legumbres y hortalizas, ha habido escasez de medicinas y equipos médicos, pero no solo de acetaminofén e ibuprofeno o algodón y gasa, sino de glucofage, reactivos en los laboratorios, material de diálisis, entre otros; ha habido escasez de carros y motos, así como de repuestos para carros y motos; repuestos para las máquinas que fabrican alimentos procesados, ropa y calzado, por ende, también ha habido escasez de alimentos procesados, ropa y calzado nacional, pero también de los importados (que tanto nos gustan a los venezolanos), ha habido escasez de libros y útiles escolares y universitarios, escasez de repuestos  y accesorios para computadoras, artículos de oficina y teléfonos celulares (ni hablar de celulares nuevos, pues hasta el vergatario en sus múltiples modelos se agota rapidito), escasez de champú y jabón, de artículos de tocador para las damas (y los caballeros), toallas sanitarias, tampones, papel higiénico, baterías de carro, moto y lancha, cemento y materiales de construcción, escasez de whisky escocés, comida para animales, línea blanca y marrón, pasajes al exterior, papel para los diarios y escasez elevada también en otros bienes más suntuarios, como por ejemplo: una latica de anchoas.

Adicionalmente, como consecuencia de la escasez, llega el fenómeno del hoarding o acaparamiento doméstico (traducción que se hiciera en Venezuela) que es acumular los bienes en casa ante la incertidumbre que genera creer que en el futuro no se encontrará lo que se desea comprar; algo similar ocurre también con los inventarios de las empresas, pero en muchos casos estas se encuentran fiscalizadas con personal militar para evitarlo. Esta conducta, racional por decir lo menos, hace que la escasez se reproduzca, convirtiéndola en un ciclo. Ante esta situación, lamentablemente, se ejecutó una medida de corto plazo, pero que lleva, al menos, cinco trimestres: el racionamiento, y con él, la incorporación de una nueva tarea en el día a día de los venezolanos: las colas.

También cuando vemos en las noticias que Petrovietnam se va de Venezuela porque “no hay estabilidad para las inversiones”, cuando el comercio con Colombia cae 10% y hay deudas acumuladas con los comerciantes colombianos (a quienes se les promete pagar con títulos de deuda), que viene el presidente de Panamá a pedir que se cancelen las deudas de venezolanos con el canal,  que las aerolíneas se van del país porque no les han pagado las deudas acumuladas y el Ejecutivo elabora planes de pago con títulos de deuda, efectivo y hasta gasolina. Estas son señales claras de que los dólares no son suficientes.

Otra expresión de este tipo de crisis se da en la distorsión y aumento de los precios. De esta forma, todos los bienes señalados anteriormente, cuando iban siendo encontrados por los consumidores, estaban más caros en todos y cada uno de los meses, lo cual, a pesar de las medidas tomadas por las autoridades para preservar el poder adquisitivo, mantiene a los asalariados sin capacidad ni incentivos de ahorro; algo que también presiona los precios al alza pues si no puedes ahorrar, ¿de qué sirve tener el dinero en el banco? –diría la sabiduría popular–. Esto, a su vez, impulsa más los precios, o lo que es lo mismo, acelera la inflación. Pero la inflación no solo depende de este factor, algo que me queda pendiente para otro artículo.

Ahora veamos un poco por qué, a nivel económico, estamos padeciendo una crisis de balanza de pagos en cámara lenta.

Resulta que las causas por las que los flujos de divisas hacia Venezuela han disminuido coinciden con la opción escrita en el tercer párrafo: “todas las anteriores”. Veamos: 1) En el ultimo año la tendencia de la cesta venezolana de petróleo ha sido a la baja, leve, pero a la baja. 2) Las exportaciones petroleras, desde julio de 2012 hasta la fecha, se redujeron en alrededor de 200.000 barriles por día. 3) Da la casualidad de que, desde que se penalizó el mercado paralelo de divisas, las exportaciones no petroleras disminuyeron de forma importante, esto sugiere una subfacturación de exportaciones (tema para otro artículo). 4) Después del paro petrolero de 2002 hasta finales de 2012 se propició un boom de consumo sin precedentes, alimentado por importaciones de todo tipo y donde destacan 3 elementos: el incremento de las importaciones públicas, el incremento de las importaciones de productos relacionados al petróleo y la sobrefacturación de importaciones; haciendo que el monto desembolsado por bienes y servicios extranjeros traídos al país, al cierre del 2012, fuese de $ 59.339 millones. 5) Desde 2007, ante el crecimiento del Estado en la economía, aumentó el endeudamiento público externo, con lo cual se incrementó el costo de financiarse en los mercados internacionales y por ende, el servicio de esa deuda, el cual se estimó el año pasado entre $ 16.000 millones y $ 18.000 millones (incluyendo la deuda con China). 6) Paralelamente, gracias a la reforma de la Ley del Banco Central en el 2005, la autoridad monetaria ha recibido cada vez menos divisas por parte de Pdvsa, hecho que, aunado al incremento de las importaciones públicas y a la incorporación del pago del servicio de la deuda por parte del BCV durante los últimos 5 trimestres, ha hecho que las liquidaciones de divisas al sector privado disminuyan. 7) Adicionalmente, esta práctica ha reducido la porción líquida de las reservas internacionales. 8) Para colmo, ante la caída en el precio del oro en los mercados internacionales, la porción en oro monetario de las reservas disminuyó alrededor de $ 5.000 millones en dicho periodo. 9) A pesar del control de cambios, la salida de capitales privados promedia $ 5.000 millones por trimestre desde 2003 hasta 2012, acumulando una fuga de capitales de $ 150.000 millones en dicho periodo. 10) De igual forma, ante un clima adverso para el doing business, la entrada de capitales externos ha sido prácticamente nula. 11) El saldo de los fondos soberanos del Estado disminuyó alrededor de $ 12.000 millones durante 2012, comprometiendo la posición de activos externos del sector público al inicio de 2013. 12) La política cambiaria ha estado signada por el anclaje del tipo de cambio por periodos sumamente largos y con ajustes insuficientes para corregir una importante sobrevaluación del bolívar. 13) Los esquemas de venta de petróleo financiado a tasas de interés preferenciales a otros países se han traducido en un pasivo intangible para los activos de externos de la república, es decir, en vez de captar ingresos estamos dejando de captarlos.

Dependiendo de los supuestos con los que se hacen los cálculos, desde el BCV hasta el de respetados académicos en universidades nacionales e internacionales, analistas en bancos internacionales y tanques del pensamiento, para el segundo trimestre de 2013 Venezuela tuvo un saldo o muy bajo o negativo en su cuenta corriente y, en los último cinco trimestres, saldos negativos en la balanza de pagos. Esto quiere decir que los ingresos no fueron suficientes para cumplir con los egresos a los que estábamos acostumbrados; o dicho en criollo: nos gastamos hasta la reserva  y los panas que nos prestan plata se pusieron duros.

La respuesta de política económica que dieran las autoridades ante este cúmulo de problemas se centró principalmente en reducir las importaciones, especialmente las del sector privado (de ahí el agravamiento de la escasez), devaluar parcialmente el tipo de cambio de VEB/US$ 4,30 a VEB/US$ 6,30 (de ahí la inflación), imprimir dinero con poco respaldo (pues tanto las reservas como los fondos se aminoraron) para financiar un déficit fiscal de dos dígitos (inflaciónx2), seguir con la política de endeudamiento tanto de la república como de Pdvsa (lo que propicia más escasez e inflación en el futuro) y, por último, disminuir los precios de algunos bienes, congelando otros y aumentando las fiscalizaciones sobre la actividad comercial. Todo esto con miras a controlar los costos, precios y ganancias de todas las actividades económicas a principios de 2014.

Mientras algunas medidas son necesarias (por ejemplo, la devaluación), estas, como siempre he visto desde que nací (1986), logran dar tiempo, pero es importante que estemos conscientes, especialmente las autoridades, de que las mismas no resuelven el problema de fondo. Así las cosas, se hace evidente, tanto desde el punto de vista “macro” como del “micro”, que la cosa es así: esta es una crisis que se vive en forma perenne.

Pero la crisis como tal no es lo grave del asunto, lo grave es que, hasta ahora, el país, cabe de nuevo recordar: las autoridades y demás actores de la vida nacional, no tienen idea de cómo resolverla y mucho menos parecen ponerse de acuerdo para ello, algo que además de lamentable, es vergonzoso, pues todos somos venezolanos y queremos lo mejor para nuestro país. Pero bueno, “es lo que hay”, “lo que nos tocó”; y tendremos, más temprano que tarde, que resolverlo, eso sí: todos juntos.