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Pedro Conde

Relaciones Venezuela y Estados Unidos (II)

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¿Acaso sufrió un golpe fatal el islamismo político en Egipto? ¿El proyecto consistente en construir una sociedad conforme a los preceptos del islam tal como se formulaban en el siglo VII registró una derrota irremediable en las calles de El Cairo? Efectivamente, el islam acaba de perder una batalla esencial con el fracasado gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto. Ningún movimiento como aquel encarna el proyecto islamista. Su fundador, Hassan Al-Banna (1906-1949) formalizó una regeneración social y política mediante un retorno a la letra del Corán. Los Hermanos Musulmanes llevaron este proyecto a la arena política. Lo exportaron, hacia el Hamas palestino y a los partidos identificados con el islamismo en el mundo musulmán.

El proyecto abortó en un país que no es cualquier país: Egipto, por mucho tiempo pulmón político de la región. En Irán, la legitimidad teocrática, la tutela de un "Guía", la utopía fundamentalista parece terminar, según la evolución de la vida política persa acosada por las sanciones.

Venezuela quiere normalizar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos que, por las señales que emite, se va retirando del dominio incuestionable de la geopolítica mundial: se fue de Irak sin ganar la guerra, se irá de Afganistán en las mismas condiciones, evade intervenir en otros conflictos locales, ya no puede salvaguardar autónomamente la estabilidad mundial, no pudo intervenir en Siria, necesita apoyos y el visto bueno de presuntos aliados, reduce fuerzas de combate, aunque mantiene anillos de vigilancia y control en todos los rincones oceánicos mediante el despliegue de las flotas. Y ahora desarrolla una estrategia cibernética, el "cyberespacio", nuevo dominio de las ideas estratégicas, para realizar operaciones ofensivas y defensivas mediante el "hackeo", que es una desviación ética de los resultados de la investigación científica, esto es, la utilización con fines bélicos, tal como se hizo con la fisión nuclear, de las investigaciones en la cibernética, informática. Una certitud de certitud: Estados Unidos no es ahora el actor central del mundo.

Obama comprendió. Por ello, la gran geopolítica está de regreso.

Desplegándose en el Ártico: se ha redescubierto, es un teatro clave de disuasión nuclear, pues, los submarinos atómicos, portadores del apocalipsis, se tapizan con el hielo del mar circundante de Groenlandia. Según el United States Geological Survey, ahí hay 22% de recursos energéticos no descubiertos y técnicamente explotables. La euforia por Groenlandia está en su apogeo. Los países ribereños quieren un reparto: Rusia, Dinamarca, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, pero partiendo de la idea de que ahora este no es hegemónico, debe adaptarse: reconversión.

La reconversión de Estados Unidos está determinada, entre otras, por seis rupturas estratégicas: primero, las revueltas árabes no han dado origen, como se esperaba, de acuerdo con el ejemplo de la caída del Muro de Berlín, a regímenes democráticos, y las monarquías tradicionales supieron controlar la protestas; segundo, la catástrofe de Fukushima, que arrojó el abandono de la opción energética nuclear por muchos países, comenzando con Alemania, lo cual reaviva la geopolítica de los recursos, agudiza la seguridad de aprovisionamiento de materias primas; tercero, la crisis presupuestaria y financiera, devenida económica, en la Zona Euro, desembocó en recesión, desempleo (12,1%), ahora más débil frente a Rusia; cuarto, la incapacidad de Estados Unidos de financiar el aparato político-militar de control mundial, de su hegemonía, que lo lleva a rediseñar estrategias, reducir gastos, el fantasma aislacionista asoma la cara; quinto, el surgimiento de los Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica); y seis, la explotación del petróleo de esquisto podría proporcionarle independencia energética. La reconversión creará otra estructura mundial. ¿Es posible?