• Caracas (Venezuela)

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Valentina Issa Castrillo

Reglas de hule

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Una vez más, estamos atrapados, maniatados. Así amanecemos los venezolanos en este 2015 después de un 2014 signado por la arbitrariedad y violación de derechos humanos, homicidios por decenas de miles, el desplome y distorsión de la economía a niveles absurdos de inflación y escasez, y cerrado con broche de oro con medidas gobierneras apuradas y sin pudor entre gallos, medianoche, medio beisbol y media Navidad de pan de jamón y Ponche Crema a 500 bolívares, para asegurarse la continuidad del control de todas, absolutamente todas, las instituciones del Estado que permita cubrir con fachada republicana lo que realmente es un gobierno hereditario y sin sustrato popular del PSUV y sus aduladores “pónganme donde ‘haiga”.

Se las arreglaron, con superior e incremental caradurismo en lo que ya se ha perfeccionado como un arte dentro del chavismo, para poner a amigotes fieles a las fuentes de dinero y poder en las posiciones que hagan posible dictar, aplicar e interpretar la ley entre compadres que se pagan y se dan el vuelto. Sin recato alguno hasta se han felicitado y halagado públicamente entre poderes que se supone deben controlarse entre sí, confirmando la connivencia ya denunciada públicamente por antiguos testaferros arrepentidos.

Lo que dicen bien clarito la Constitución y las leyes, sin lugar a interpretaciones haladas por los pelos, sobre mayorías requeridas para la selección de autoridades clave en el quehacer nacional, y sobre requisitos para optar a cargos de los cuales dependen vidas, individualidades, y colectividades, lo estiraron a satisfacción propia como una muñeca de hule para autorregalarse contralor, defensor del pueblo, fiscal, rectores del CNE y magistrados del TSJ.

El consuelo que nos daba la idea de que las decisiones importantes requerirían de mayorías calificadas que solo podían conceder nuestros diputados de la unidad, frente a la frustración de 2010 de más votos a cambio de menos diputados, se esfumó de un día para otro, y les garantizó que nos enteramos algunos, quizás los menos de los venezolanos. El resto se enterará cuando se despierte el país por ahí el 15 de enero, o cuando les toque en algún momento calarse alguna imposición de la justicia revolucionaria, o nunca.

Hice un esfuerzo por referirme a nuestra violentada y prostituida institucionalidad democrática de forma diferente, por decir algo nuevo sobre este bofetón cíclico y repetitivo que nos dan en cada oportunidad en que les conviene hacer uso de la legalidad para sus fines perversos, pero la verdad ya todo está dicho. Solo nos queda saber que cada vez más nos dejan en la total indefensión y que el resultado final es que cuando necesitemos acudir a alguien por protección o justicia, quien no se “cuadre” con las macollas y roscas establecidas y por establecerse con las nuevas autoridades, se tendrá que ir a llorar al Valle.

También nos toca saber que tanta perversidad y manipulación institucional sucede porque permitimos que suceda y porque no le damos importancia al respeto de las reglas de juego y de las instituciones. Hay vivos y abusadores porque hay quienes les permitimos la viveza y el abuso. Quizás ahí está la raíz de todo lo que vivimos hoy.

Lamento profundamente la nota gris en el comienzo de un nuevo año, pero desafortunadamente la pluma no da para otra cosa. Sí da, sin embargo, para enviar una palabra de apoyo y fortaleza a quienes hoy padecen la injusticia en carne propia. Vaya un abrazo a los presos políticos y a sus familias, que el nuevo año los llene de resistencia y esperanzas renovadas. Les dedicaré una próxima entrega.