• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Luis Pedro España

¿Refundar o radicalizar?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La semana pasada se dio un paso más hacia la inviabilidad y la ingobernabilidad del país. Los intentos por encontrar una rendija por la cual ir haciendo una apertura económica ante tanta testarudez programática, fueron en vano. La necesaria vuelta en U, aunque disimulada y llena de imperfecciones, no fue posible. Al país le aguardan nuevos e inútiles sufrimientos en forma de inflación, desabastecimiento y decrecimiento.

No hay forma de saber qué fue lo que pasó puertas adentro, pero en la puja ganó el radicalismo conservador. Hagamos lo mismo para que ocurran cosas diferentes, parece decir el insensato. Su argumento es la falta de profundidad.

Triunfó el miedo. Faltó guáramo y templanza para admitir los errores del gobierno anterior y plantarse como una nueva administración a enmendar la plana y echar las bases de una nueva viabilidad económica, sin que mediara tanta miradera para atrás y tanta repetidera de frases, modismos y hasta gestos corporales. Esta manía de repetir en todo al precursor, hasta en las cosas más nimias, nos está llevando al abismo.

El mercado ya reaccionó. Si antes la diferencia era de 500%, ahora es de 600%. No es verdad que van a hacer desaparecer el mercado innombrable, porque el planificador cree haber dado con la cifra necesaria y dispone de recursos para ello. Una economía a la que han hecho depender del dólar, por una estrategia de desarrollo que terminó convirtiéndonos en importadores natos, solo piensa en dólares, no importa qué tantos bolívares le ofrezcas.

Las palabras mágicas vuelven a ser las de siempre: confianza y credibilidad. Cuando no se tiene ninguna de las dos, pueden darse el lujo de prescindir de ellas si la buchaca está llena de petrodólares, pero cuando comienza a vaciarse con la misma velocidad con que se detiene el incremento de los ingresos externos, la salida de capitales y el exceso de importaciones se vuelve un dolor de cabeza del que solo se sale si se recupera la confianza y la credibilidad.

Quien reparte machetazos no puede recibir sombrerazos, dice el dicho. ¿En verdad se pensaban que tanto hostigamiento no iba a tener consecuencias económicas por la supuesta supremacía de lo político o por el liderazgo del que se preciaban? No se trataba de obediencia, sino de conveniencia. Los controles funcionan, incluso el de cambio, cuando no son necesarios. Igual se fueron cerca de 120 millones de dólares a un precio cercano al oficial hasta el año 2012. Cuando se trató de aplicar un torniquete, sencillamente, el cambio se disparó. Es tan simple que provoca decir que hasta un sociólogo lo entiende.

¿Cómo se sale de esto? Por lo pronto no vamos a salir, seguimos por el camino equivocado. Si el retorno para ir a Maracaibo lo íbamos a hacer en Caucagua, ahora lo haremos en Carúpano o en Güiria. Eso va a significar la inflación más grande del mundo y una recesión que, acumulada, puede que haga palidecer las que tuvimos en 1989 o 1996 con motivo de los ajustes económicos de entonces. Pero lo más grave es que dicho sacrificio será en nombre de nada y para nada. Las causas estructurales de esta economía llena de desequilibrios seguirán presentes.

Quedan dos caminos, o profundizan el error llegando incluso a convertir el Estado en el único importador y seguramente el único oferente, o cambian de rumbo hacia un reformismo, el cual, por cierto, siempre puede justificarse incluso desde las trasnochadas teorías que profesan. El primero nos llevará al atraso cubano o a la inviabilidad de muchos países del África. El segundo podría ser un intento de refundar la revolución, lo que a la luz de hoy no se ve para nada claro. ¿Radicalización hasta diciembre y refundación a partir de enero? Eso es lo más optimista que se puede ser.