El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Oswaldo Álvarez Paz

Reflexiones colombo-venezolanas

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No es fácil. La retórica binacional se ve frecuentemente desbordada por los hechos.

Sin embargo, insistiremos. Venezuela y Colombia integran una misma nación, aunque contenida en dos repúblicas. Como bien dijo Rafael Caldera, hace bastantes años, se puede ir de Caracas a Bogotá sin salir de la patria de Bolívar.

No somos ajenos a cuanto sucede en Colombia. Igualmente, lo que sucede en Venezuela tiene efectos inmediatos allá. Esto no es una tontería.

Deberíamos tenerlo siempre presente quienes debemos manejar con tino nuestras responsabilidades políticas, económicas, sociales o militares. Todavía estamos bajo el impacto del atentado en contra del doctor Fernando Londoño Hoyos.

Buen amigo y excelente guerrero. Honesto, valiente y cruzado histórico en contra de toda manifestación de terrorismo, de violencia política y enemigo jurado de las estructuras del crimen organizado que sirven de soporte operativo del narcotráfico.

Esto y algunas cosas adicionales lo han convertido en adversario de cualquier política que asome debilidad en la lucha en contra de estos factores. Nuevamente asoman hechos amenazantes en un país que hasta hace menos de dos años parecía estar en camino de superarlos definitivamente. Obviamente, hay un retroceso en cuanto a los niveles de seguridad democrática alcanzados bajo la presidencia de Álvaro Uribe Vélez.

Imposible no vincular el atentado, con su secuela de muertos y heridos, del cual salió con vida pero seriamente herido el ex ministro de Relaciones Interiores de Uribe, Fernando Londoño, con la discusión en el Congreso de una legislación especial, suerte de reforma constitucional, que podría tener consecuencias nefastas, según la opinión de algunos calificados líderes conservadores.

Se trata de construir el "marco legal" que en nombre de alcanzar la "paz" se debe construir. De acuerdo con Londoño y varios legisladores liberales, conservadores y del partido de la U, podría abrir la puerta a la impunidad con relación a los delitos más serios del narcoterrorismo conocidos hasta ahora y hacia el futuro.

Estas discusiones las seguimos de cerca desde Venezuela. Apoyamos a quienes sostienen que la lucha debe profundizarse sin concesiones ni dobleces. Entendemos que habrá que hablar y hasta negociar, pero con las cartas sobre la mesa, y evitar que en nombre de la paz se consagre la violencia como recurso político en favor de los delincuentes, dejando en el aire a las fuerzas del Estado que luchan para impedirlo. Las guerrillas apelan al terrorismo urbano cuando están siendo militarmente derrotadas, con capacidad operativa muy reducida.

Apelan a la violencia selectiva contra personas e instituciones de alta significación lo que no reduce la condición criminal de sus actuaciones. Finalmente, por ahora, nuestra solidaridad con el ex presidente Uribe y con su derecho de opinar libremente sobre la política colombo-venezolana.

Hay algunas reacciones entre nosotros, que no termino de entender.

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