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Heinz Sonntag

Reflexión electoral

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A 33 días para las elecciones presidenciales es obligatorio considerar algunos aspectos relacionados con ese proceso tan esencial para el futuro del país. El fundamental es precisamente la pregunta acerca de por qué las elecciones son tan esenciales.

La respuesta parece sencilla, pues en las mismas los ciudadanos decidiremos entre dos proyectos para los próximos 6 años. Pero en realidad es compleja, porque no elegiremos simplemente un jefe del Estado y de gobierno, sino que decidiremos cómo queremos vivir como miembros de una nación que ha venido pasando en los últimos 32 años por un periodo de una democracia en proceso de regresión entre 1980 y 1998, y por otro, encabezado por un líder carismático que prometió profundos cambios económicos, sociales, políticos y culturales y que fue elegido por las esperanzas que generaban sus promesas.

En este segundo periodo, sin embargo, no se cumplieron las promesas del líder. Al contrario, los cambios anunciados resultaron en la profundización de la crisis, básicamente porque se intentó imponerle a la nación un sistema cuyas características le eran ajenas a los ciudadanos que habían luchado por la democracia y la modernidad desde 1936 y la habían vivido entre 1945 y 1948 y a partir de 1958 hasta comienzos de los ochenta: la democracia del proyecto de Hugo Chávez resultó cada vez más en su contrario: un régimen tendencialmente totalitario, contrario a la Constitución que el pueblo aprobó en 1999, con una fuerte inclinación militarista, con un Poder Ejecutivo más que deficiente en las políticas económicas, con algunos logros en lo social que no pudieron contrarrestar las fallas de los sistemas de educación y de salud pública, con el intento de imponer cada vez más controles en lo cultural y hasta en la vida de los ciudadanos.

Este aspecto fue la causa fundamental del nacimiento de otro proyecto. Los partidos y organizaciones sociales de la alternativa democrática opositora no siempre lograron organizar una resistencia coherente, sobre todo en los primeros años, lo cual se manifestó en la decisión de no participar en las elecciones de 2005 para la Asamblea Nacional.

Pero en los años posteriores, sobre todo después del rechazo del proyecto de reforma constitucional de Chávez en 2007, fue creciendo y organizándose, hasta que en febrero de 2012 los distintos sectores eligieron el candidato que iba a representar el proyecto de cambio que se había plasmado con el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la alternativa democrática.

Un aspecto de relevancia para este proceso fue la permanencia del espíritu democrático en amplios sectores del pueblo y con el cual se aliaron los partidos y los movimientos de la sociedad civil organizada.

Este proyecto fue combatido y difamado por el del Presidente. Ello contribuyó a que se acentuara la polarización política que había existido desde 1999. Todos estos hechos llevaron a que la campaña electoral para las elecciones presidenciales asumiera el carácter de una lucha entre dos modos de vida. Esto es hoy absolutamente claro.

Mientras el candidato de la unidad lleva su campaña de forma tal que favorezca el espíritu democrático del pueblo, el presidente-candidato trata demagógicamente de recuperar el carisma que se le ha diluido.

No puedo dejar de expresar lo que me parece el peligro de la transición. Como es sabido, el CNE fijó el 7-O para elección y la juramentación del presidente para el 10 de enero de 2013.

Es fundamental que la alternativa democrática se prepare desde ya para este periodo, independientemente de quién gane.

La defensa de la victoria del candidato de la unidad y de denuncia de la del contrincante es tarea de los ciudadanos democráticos y debe incluir la previsión de siniestras maniobras del candidato-presidente.