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Álvaro G. Requena

Reflexión de Año Nuevo

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Todo comienzo viene preñado de esperanza. Luego, en el camino se gesta, como debe ser, el resultado del esfuerzo que pongamos en ese vivir que con tanta ilusión iniciamos.

El año nuevo es una fuente universal de esperanzas. Hasta quienes han hecho de su vida una derrota continua, llegan a pensar que el nuevo año será distinto y que ¡Dios les oiga!

2016, no será diferente, nuestra esperanza está puesta en el futuro que seguro conquistaremos con el trabajo, dedicación, buena y sana intención y la infinita paciencia que pedimos al altísimo nos conceda, para conseguir una nación que llene nuestras más queridas aspiraciones y brinde la mayor suma de felicidad, seguridad y paz, al pueblo y a nosotros.

Sacrificios tendremos que hacer. Algunos de ellos dolorosos y peligrosos para nuestra salud física y mental: como vivir en ausencia de medicamentos anticonvulsivantes, psicotrópicos, colirios, antibióticos y otros tan simples y necesarios como pastillas para la tensión arterial y la diabetes.

También seguirán faltando los bombillos, a oscuras será más romántico el atardecer, pero la necesidad de “Luz, más luz” como exclamaba Goethe, seguirá acicateando a la humanidad y la oscuridad, además de mala consejera y guarida protectora de malandraje, también es y seguirá siendo origen de temores y fantasías amenazantes.

Faltan repuestos para máquinas y artefactos eléctricos y los cementerios de cacharros, incluyendo autos, camiones y autobuses, ya son notorios.

Obviamente, siempre habrá algo de comer en este país, aunque sea un cambur o un mango, pero la posibilidad de escogencia se ha minimizado de tal manera, que comer siempre lo mismo tampoco es opción, pues ni eso tiene continuidad. “Lo mismo”, se acabó. Lo que hay, priva en todo sentido y lo que hay es poco.

El café, que ha marcado el temperamento del venezolano por tantos siglos y forma parte de su horario diurno y hasta nocturno, ya no lo es más. Salvo raras ocasiones, un cafecito ya no es una cortesía natural y espontánea, es, en cambio, una revelación de la manipulación bachaquera más descarada.

El entretenimiento se ha venido agotando y pronto será recuerdo del pasado ir al parque, caminar agarrados de la mano, trotar en la penumbra de la madrugada o de la tarde. Comer en restaurantes y deleitarnos con platillos tradicionales.

No hay dólares excepto para los corruptos que siguen medrando millones a nuestras costillas. Tantos, que no quedan ni para traer libros, revistas y otras publicaciones que transmitan conocimientos y arte.

Pero, como decía al principio, nuestra esperanza está puesta en el futuro que alcanzaremos con el esfuerzo y dedicación que pondremos en vivir con alegría y decisión en este país de tantas carencias hoy y tanta expectativa para mañana.

Hoy no hablé de política ni de políticos, eso también escasea. Esperamos, en cambio, con ansiedad y anhelo el resultado de una Asamblea Nacional diferente, que ya nos encargamos de cambiar.

¡Feliz Año Nuevo a todos, sin excepción!

alvarogrequena@gmail.com

@arequena