• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Ildemaro Torres

Recuerdos negados al olvido

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

He escrito acerca de Chile en varias oportunidades, artículos, ensayos, discursos y hasta un libro, siempre identificado con la causa de su pueblo, siempre con profundo amor, sin nunca considerar que sea ni siquiera suficiente lo que le dedique en pensamientos y palabras. Unas veces lo he definido como tierra de poetas laureados que en una generación le dio al mundo dos premios Nobel de Literatura, y en versos nerudianos lo he llamado “largo pétalo de mar y vino y nieve”; o bien me he referido a él como país de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica; o me he detenido en la exaltación de sus bellezas naturales, como ámbito de lagos y volcanes; o bien me he dedicado a la apreciación de sus artes plásticas, su admirable teatro y sus letras; o, con la mano en el pecho, puesta del lado del corazón, lo he invocado e invoco con frecuencia como el escenario de varias de mis vivencias más llenas de sentido. La mayoría de las veces mi tema y mi preocupación central lo han sido su vida política y su destino, porque el amor mío no es contemplativo sino entrañable, de compromiso tomado como opción voluntaria de entrega. 

 ¿Por qué hago de éste mi tema de hoy? Porque por sí sola, como buena conocedora de mis sentimientos, la memoria ha traído a mí y me hace oportunamente presentes los siguientes recuerdos.

El martes 11 de septiembre de 1973, a punto de cumplirse ahora 40 años de la aciaga circunstancia acaecida entonces, el presidente constitucional Salvador Allende tenía como primer compromiso la inauguración en la Universidad Técnica del Estado, de una exposición antifascista titulada “Por la vida siempre”; sin embargo, lo que la historia habría de registrar ese día serían hechos trágicamente diferentes a los que se anunciaban en la agenda presidencial: en la mañana la gente de Santiago presenció estupefacta, el bombardeo del palacio de La Moneda y el ataque despiadado por aire y tierra a numerosos barrios populares, y al anochecer, el cuerpo ametrallado del presidente, envuelto en una frazada ensangrentada, era sacado del palacio por una puerta lateral.

En esa fecha una experiencia política legal, surgida de la voluntad popular, y que en tal sentido se proyectaba como un ejemplo inspirador para toda América Latina, fue abruptamente interrumpida por el poder de fuego de las Fuerzas Armadas de Chile, comandadas por oficiales de uniforme, con el apoyo político del Partido Nacional de extrema derecha y de sectores del Demócrata Cristiano, que públicamente justificaron el golpe militar incluso a través de manifiestos de prensa. En actos de similar naturaleza terrorista fueron asesinados, por agentes de la policía del régimen golpista, en 1974 el general Carlos Prats González en Buenos Aires y en 1976 Orlando Letelier en Washington; seguidos esos tres años por una década de campos de concentración, tortura institucionalizada como política de Estado, secuestros y crímenes salvajes, dentro de la sangrienta estela de muerte que fue dejando Augusto Pinochet como estigma doloroso y vergonzoso para la humanidad civilizada.

El pueblo chileno, al precio de grandes sacrificios, enfrentó con valentía la dictadura desde el mismo día del golpe, manteniendo viva su vocación por la libertad y la justicia, y diseñando distintas formas de lucha ajustadas a la magnitud del poderío represivo militar. Siendo por tanto un pueblo merecedor del mayor respeto político y humano, decididamente honesto para no supeditar en ningún momento de la lucha los intereses de su mayoría combatiente y postergada, a conveniencias personales o grupales. Hasta volver a ser en su retorno a la democracia una patria plenamente libre, digna de la más absoluta admiración.