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Luis Ugalde

Reconciliación y vida

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El 7-O tenemos que hacer las cosas de manera que no abortemos la democracia, sino que la libremos de las ataduras que la encierran, para que desde el 8 las Venezuelas enfrentadas empiecen a trabajar juntas por una causa común superior: Venezuela. Para que el 8 amanezcamos llenos de esperanza y dispuestos a buscar la reconciliación y trabajar juntos en la recuperación de la democracia, productividad económica y convivencia constructiva, el 7 tiene que prevalecer la sensatez y la actitud espiritual de reconocimiento y apertura hacia el otro. Sin un proceso de votación limpio, libre y transparente, la democracia saldrá herida de muerte y sin capacidad de convocar a todos los venezolanos a su construcción. Para ganar a partir del 8 hay que vencer el 7 los temores y las amenazas.


Es un día especial para la Fuerza Armada. Los venezolanos queremos, y la Constitución lo exige, una Fuerza Armada que sea de todos, sin degradarse en una parcialidad partidista; de lo contrario se reduce a una banda armada arbitraria sin respaldo constitucional. En la sociedad civil y democrática la Fuerza Armada tiene un extraordinario papel, y el día 7 de manera excepcional le corresponde garantizar la paz, el respeto a las diferencias y la libertad de conciencia en el voto, y debe demostrar con hechos que tiene el monopolio de las armas y el control de la violencia, sin permitir amenazas, ni disparos de bandas de delincuentes armados con color partidista.

Una elección tan trascendente para el futuro de la democracia no es posible sin avivar las convicciones y energías espirituales. Ir a votar en secreto sólo tiene sentido si se reconoce que el voto del otro es tan respetable como el nuestro. Las convicciones espirituales de amor a Dios y al prójimo como a nosotros mismos llevan a cada uno a la afirmación del bien de los otros y a desear un desarrollo democrático integral. De ahí la importancia de la llamada de los líderes espirituales a la oración y al respeto. La sociedad venezolana dividida en dos bloques enfrentados y sin reconciliación no tiene futuro ni podrá superar la pobreza sin sumar todos los talentos y bienes para ello.

La reconciliación defiende una sociedad plural que invita y activa todas las fuerzas, capacidades e ingenios para obtener un trabajo productivo de calidad y en conjunto disfrutar lo logrado en convivencia y solidaridad. También es imprescindible un Estado de Derecho eficiente y honesto que garantice para la sociedad en conjunto bienes públicos de calidad (reforzando el nivel a los que más necesitan), como son la educación, la salud, la infraestructura, la seguridad… Pero sobre todo Venezuela necesita superar el desprecio a la vida que se ha ido apoderando del país en asesinatos, secuestros, cárceles y jueces serviles, entre otros.

Si gana el candidato opositor, es evidente la necesidad de visión y habilidad para sumar capacidades y desactivar el miedo a posibles represalias o al cese de programas beneficiosos para salir de la pobreza; esta reconciliación no es posible con un modelo estatista y dictatorial como el cubano. Más bien requiere una invitación convincente a toda la gente competente del país a la inversión productiva y al trabajo que agrega valor. Sólo sale de la pobreza el que tiene trabajo digno y bien remunerado en una sociedad plural con un Estado democrático eficiente, lejos de prácticas corruptas e ineptas, como la vivida y confesada por Aponte Aponte.

Aun si ganara el actual Presidente, Venezuela requerirá un cambio democrático profundo y un reconocimiento sincero para corregir los evidentes desastres que la propaganda ha querido ocultar. El modelo estatista-partidista actual colapsó, a pesar de estar poderosamente subsidiado por ingresos petroleros nunca antes vistos: hemos tenido más consumo, pero no más producción.

El 7 no habrá sido democrático si el 8 no amanecemos en libertad y en pluralidad aceptada y cultivada. El domingo es el gran día para la reconciliación democrática libre de amenazas, para que en adelante todos aportemos a la difícil superación de la pobreza por medio de la transformación productiva del país: producción de ciudadanía solidaria, de bienes y de servicios al alcance de todos y de personas con valores democráticos y solidaridad activa. Dios nos bendiga con reconciliación y vida.