• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

Reacomodos y otras dinámicas

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Los inicios del siglo XXI han sido de expectación para la danza contemporánea venezolana. Este tiempo, así como los años que lo precedieron, pueden ser analizados como consecuencias directas de no tan lejanos momentos de esplendor que continúan irradiando algo de su luz sobre lo ejecutado en la actualidad por este sector.

En el ámbito de la creación aún se dejan sentir iniciativas institucionales que ya bordean veinte años de trayectoria, definitorios de líneas estéticas personalizadas en medio de su universalidad y responsables, en buena medida, de la notoriedad vivida por la danza contemporánea en tiempos no tan remotos.

Los años recientes han sido de revisiones y reacomodos. Los tiempos de las grandes iniciativas proyectadas al mundo se han visto sustituidas por procesos de creación más reposados y se vive un fenómeno: al lado de la danza como ritual teatral convencional, emergió la experiencia corporal representada, aunque no siempre plenamente vivida, en el espacio público urbano.

Del contacto con la realidad de todos los días, dura, violenta y también amable por momentos, ha surgido una tendencia dentro de las nuevas visiones de la danza nacional que busca responder a las nociones de compromiso y solidaridad. Sin abandonar las preocupaciones formales del movimiento, intentan nuevas maneras expresivas adecuadas a su entorno y sus circunstancias.

En Félix Oropeza (Agente Libre) persisten las evidencias de la escuela del cuerpo técnico orientado hacia la destreza física. A partir de allí, ha procurado el desarrollo de un lenguaje que sea portador, además, de carga ideológica y emotiva, en conexión con los espacios emocionales del cuerpo. Sus pasos conducen a una dimensión de la danza que, dentro de los valores establecidos, promueve los ideales de un hombre colectivo.

Carmen Ortiz y  Rafael Bethencourt (Sarta de Cuentas) caminan constantemente. La calle les resulta cercana y siempre sorprendente, convirtiéndose en su escenario fundamental. Los creadores se han volcado hacia una gestualidad sencilla en su forma y profunda en su expresión. Lo popular, en su acepción más trascendente, los motiva a proponer procesos inéditos de investigación que los han conducido a resultados singulares.

También la calle, primero como lugar violento y luego como abstracción de esa realidad, es el ámbito de inspiración y desempeño de Rafael Nieves e Hilse León (Caracas Roja Laboratorio), quienes también en los años recientes han indagado con persistencia en las dimensiones de lo popular urbano.

La danza venezolana también ha mantenido su interés por la experimentación dentro de las nuevas tendencias. Rommel Nieves (100% Impro), Pedro Alcalá y Alexana Jiménez (Um Gramo) y Armando Díaz (Sieteocho) responden a otros entendimientos desde un mundo globalizado del sentido de pertenencia a algún territorio y a alguna realidad.

El ya entrado siglo XXI aguarda aún por los signos que caractericen con certeza esta época de reajustes y dinámicas distintas en el arte del movimiento venezolano.