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Manuel Aguilera

Razones para ser marxista

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El 29 de septiembre de 1979, durante un Congreso Extraordinario del PSOE celebrado en Madrid, Felipe González consiguió que los socialistas españoles dejaran atrás el marxismo y apostarán por la socialdemocracia.

Muchos años después, siendo presidente del Gobierno español, González utilizó la frase “y dos huevos duros” para ironizar sobre la actitud de determinados políticos que durante las campañas electorales son capaces de hacer promesas desproporcionadas e irrealizables simplemente para quedar por encima del adversario. 

La expresión forma parte de una de las más hilarantes escenas de la historia del cine que se desarrolla en un camarote y que forma parte del clásico Una noche en la ópera

En un pequeño habitáculo de un barco se desencadena un desfile de personas que van desde un plomero y su ayudante, a una experta manicura y terminando por una cuadrilla de camareros, bandeja en mano, portando los famosos huevos duros.

Sin darse cuenta, González al echar mano de esa situación chistosa se estaba reconciliando con el marxismo. Quién si no Groucho y sus peculiares hermanos iban a protagonizar una de esas antologías del absurdo que al menos en mi caso consiguió convertirme en un marxista para toda la vida. 

Hay muchas más razones cinematográficas y frases del genial Groucho para adoptar esta corriente de pensamiento mucho más actual e imperecedera que la del aburrido Karl con su barba poblada y sus frases lapidarias sobre el opio, el pueblo y la lucha de clases. 

Y qué me dicen de la negociación en la que Groucho quiere cerrar la contratación de un tenor negociando el contrato con su hermano Chico.

— Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?

—No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.

—Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.

—Esta vez creo que suena mejor.

—Si quiere se lo leo otra vez.

—Tan sólo la primera parte.

—¿Sobre la parte contratante de la primera parte?

—No, solo la parte de la parte contratante de la primera parte.

—Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.

—Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?

—Dice ahora… la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.

—Eso sÍ que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche: ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?

Me imagino a personajes como Evo o Maduro, fervientes marxistas, teniendo conversaciones de este tipo en una cumbre de Mercosur. 

Cristina Fernández ha hecho suya otra frase célebre de Groucho: “¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!”.

A estos marxistas les une otra máxima del célebre humorista: “Éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.