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Vladimir Villegas

Ramos Allup se las cantó

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En su artículo del pasado domingo en el diario El Nuevo País, el secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup,  defendió sin complejos la acertada decisión política de la Mesa de la Unidad Democrática de sentarse en la mesa de diálogo con el presidente Nicolás Maduro y la plana mayor del gobierno y del Partido Socialista Unido de Venezuela, y marcó un rotundo deslinde con los sectores opositores que vienen ligando un fracaso de estas conversaciones para repotenciar la agenda violenta ya conocida por todo el país.

     Lo importante de ese artículo no es el deslinde en sí con respecto a los factores que apuestan a la violencia y que juegan a agendas personales y grupales, sino la caracterización que el dirigente adeco, dueño de un estilo y un lenguaje poco dados a las frases edulcoradas, hace de quienes apuestan a que el diálogo se haga añicos. Allí ajusta cuentas también con quienes desde el oficialismo tampoco  creen en estos encuentros gobierno-oposición, pero en esencia se trata de un escrito animado por la clara determinación de no andar a la cola de los extremistas que  resumen su discurso en el “vete ya”.

     “Los que se lucran política y/o económicamente de la guerra no han cesado de atacarnos con todo tipo de calumnias, ofensas y descalificaciones políticas y personales”, ha dicho Henry Ramos, y fue un poco más lejos al aseverar que los promotores de la violencia “han alquilado medios  y comunicadores aquí y afuera para una campaña feroz cuyas razones conocemos de sobra: allí hay traficantes de toda laya, prófugos no políticos sino penales”.

     Este artículo de Ramos Allup pone en evidencia el difícil trance que vive una oposición que ya da claras señales de hartazgo frente al chantaje político, y según el propio Ramos, económico y mediático, al cual han querido someterlos quienes se han dedicado a promover una agenda con dos objetivos: por supuesto que el de provocar una ruptura violenta y el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro, pero además el de llevarse en los cachos a las organizaciones políticas y a los liderazgos opositores que no comulgan con  esa presunta “salida”, que no ha sido otra cosa sino la entrada en un espiral de violencia estimuladora de posiciones extremistas de cualquier signo.

     Aunque desde el extremismo se piense y se diga lo contrario, ir a la mesa de diálogo ha sido la mejor decisión que ha adoptado la Mesa de la Unidad Democrática, por varias razones. Una de ellas, porque es un espacio para exigir de manera determinante, como lo han hecho sus voceros, los cambios que vienen reclamando, la libertad de los detenidos, las sanciones a los funcionarios involucrados en abusos contra los derechos humanos, la selección de los nuevos integrantes de los poderes públicos, para sustituir a quienes  ya tienen sus mandatos vencidos o están  por vencerse.

     Otra, porque le da al electorado opositor la perspectiva de que es sí es posible hacer política desde la no violencia, sin que  se renuncie incluso a la protesta verdaderamente pacífica. El diálogo con el gobierno le devuelve la coherencia a una oposición que ha obtenido logros por el camino electoral y que ha probado el polvo de la derrota y del fracaso cuando intenta recurrir a los atajos, tal y como están empeñados grupos que ya fueron claramente descritos por  el siempre polémico secretario general de Acción Democrática.

     Este deslinde le traerá su costo a la oposición no violenta, pero a la larga será la mejor inversión, políticamente hablando. Los atajos pueden conducir a  Venezuela a la locura colectiva, y de esas aventuras no sale nada bueno. Eso lo saben, mejor que nadie, los adecos.

     EL GABO Y CHEO

    América Latina pierde dos figuras emblemáticas: el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, y uno de los salseros más queridos por estas tierras, Cheo Feliciano. Ambos nos seguirán acompañando siempre.