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Andrés Cañizález

Ramón Guillermo Aveledo

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Tenía pensada estas líneas desde hace ya largo tiempo. No parecía oportuno salir a la luz pública elogiando a Ramón Guillermo cuando justamente ocupaba una posición ejecutiva en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En estos días, cuando Aveledo está, como él mismo lo definió, en el último lugar de la fila dentro de la alternativa democrática, me decido por rendirle tributo público. Me permito compartir al menos tres razones por las cuales esa figura amable y educada que nos acompañó en la vocería opositora, es un político de excepción y así lo demostró en los últimos años.

Hombre de consenso y acuerdos. Hoy se le lanzan críticas, algunas injustas en verdad, al papel jugado por la MUD y en particular por Ramón Guillermo como secretario ejecutivo de esta alianza político-electoral. El surgimiento y empoderamiento de la Mesa se ubica en un momento de mucho descrédito para la vía democrática y electoral como opción para oponerse al régimen chavista. El error estratégico de no acudir a las elecciones parlamentarias de 2005, junto con una serie de decisiones tácticas poco acertadas que rodearon aquel período, terminaron brindándole en bandeja de plata al difunto presidente Chávez la posibilidad de hacerse con el control total de las instituciones. La fallida Coordinadora Democrática no reivindicó el papel necesario que partidos y dirigentes políticos partidistas tienen en una transición democrática y, al contrario, echó mano de una tesis igualmente nefasta de que el cambio podría producirse sin los partidos políticos. Si bien Aveledo no fue un actor único en la construcción de un nuevo consenso político, sí tuvo un peso determinante para que se generara tal consenso y los acuerdos indispensables que desembocaron en la MUD. Una vez instituida la Mesa como tal, su papel público e interno fue clave en diversos momentos de tensión y dificultades.

Hombre político e intelectual. Conocí en persona a Ramón Guillermo en verdad hace muy poco tiempo; antes de encontrarme con él cara a cara leí algunos de sus libros y en particular tuvo mucho eco la lectura de sus dos versiones de su biografía de Luis Herrera Campins (una corta editada por la Biblioteca Biográfica Venezolana que dirigió el inolvidable Simón Alberto Consalvi y otra extensa que editó el buen amigo Fausto Masó). Reencontrarse y reivindicar la figura de LHC es un acto no solo político sino de valentía intelectual, dado el desprestigio que en general terminó rodeando a este ex presidente venezolano. Al revisar la vida de LHC, Ramón Guillermo también revisa la suya, por proximidad, dada la cercanía que tuvo con el ex jefe del Estado, para expresar una leal amistad. Ha combinado Ramón Guillermo la acción política con la capacidad de reflexionar sobre esta, ha escrito libros, dicta conferencias y clases, es un hombre político sin duda, pero desde mi punto de vista es ante todo un intelectual comprometido con el momento que el tocó vivir.

Héroe de la retirada. Ramón Guillermo lo es. Con Fernando Mires recordamos que Hans Magnus Enzensberger escribió un breve ensayo, “Los héroes de la retirada” (Die Helden des Rückzugs). Cito a Mires. “El título dice mucho: Enzensberger designa efectivamente como héroes a personajes que han hecho posible el ingreso de sus naciones a vías democráticas sin pasar por cruentos traumas históricos. En la mayoría de los casos han sido políticos conocedores del arte del diálogo. Sus armas han sido la inteligencia y la cautela. Nunca pronunciaron frases gloriosas, más bien se distinguieron por su tacto y su prudencia”.


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