• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Algoritmo sin Marx

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Saliendo de la reunión con los últimos dinosaurios del comunismo reformulado italiano, ese presidente desclasado y campechano que es Nicolás hizo el anuncio más trascendente que se les ha escuchado a presuntos, y presuntuosos, revolucionarios en el poder; que de ahora en adelante la revolución bolivariana, además de marxista, cristiana y chavista será gramsciana; que el legado de ese perseguido por el fascismo será incorporado al arsenal ideológico gubernamental. Lo que no combina es que en las horas precedentes había nombrado, restituido, mejor, en la presidencia del Indepabis a Eduardo Samán, que es el más antigramsciano de toda la camarilla que gobierna, aunque se haga pasar por trotskista. Pobres perros de Catia y de la calle Real de Los Magallanes.

Estos casi quince años de minestrón ideológico –con mano libre para robar con total impunidad–, de exclusión permanente y de aplicación de la lucha de clases como mecanismo de retaliación, venganza, resentimiento social, que utiliza la sentina de la sociedad en estrategias de terror que tienen más cercanía con Boves que con el mariscal de Ayacucho, han sido todo lo que Gramsci cuestionaba en sus reflexiones. Que Nicolás lo nombre, lo rescate, que empiece a leerlo y que obligue a Jaua, Diosdado, Giordani, Merentes, Farruco y el resto de la nomenklatura a presentarle la lección de lo aprendido diariamente, nos permitiría ser un tanto, no más, optimistas sobre el futuro.

La primera consecuencia sería, ave maría purísima, que hasta la gente de Aporrea empezaría a hacerse preguntas sobre el régimen cubano y ese materialismo dialéctico que han aplicado los hermanos Castro y sus segundones en la isla desde hace 50 años, que han significado la generalización de la penuria, nunca la democratización del bienestar, salvo en la zona A, esa especie de Kremlin tropical donde hay pistas de Fórmula 1 para los muchachos de la cuadra y están a la mano los más exquisitos bastones de golf y los gimnasios más lujosos. También sus relaciones con esa banda de delincuentes que son las FARC y con esos parias del sandinismo que son Daniel Ortega y Rosario Murillo. Dejemos a Evo mascando coca, por ahora.

Ha sido un salto dialéctico. Cójale. Nicolás dejó atrás no sólo a Ceresole y al estalinista Mao, a István Mézsáros y a Heinz Dieterich Steffan, sino que también se dispone a darle una revolcada a Giulio Santosuosso, aunque le podría aceptar que no se confunda socialismo con estatismo, y como buen gramsciano empiece a “privatizar”, a darle a cada ciudadano su cuotaparte en la Cantv, en Café Madrid y en Café Fama de América, en Lácteos Los Andes y esos mamotretos que se han bautizado como empresas de propiedad social, para empezar. Bienvenido a Gramsci, Nicolás, pero no hagas como el otro con El capital, que no pasó de la primera página y se dejó engañar por los manualitos de la fenecida Academia de Ciencias de la URSS. Presto lupa que no se empaña.