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Gabriel Antillano

El Quijote Reloaded

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Pensé que era una broma. Tal vez fuera una noticia mal redactada o con datos erróneos. No le presté importancia al inicio, creyendo que iban de broma. Lamentablemente, la cosa era en serio: la Real Academia española había publicado una edición de don Quijote de Cervantes para uso escolar editada –o mejor dicho, sancionada– por Arturo Pérez-Reverte donde se extraían algunas partes para "facilitar" su lectura.

La iniciativa no es nada novedosa. Del Quijote existen numerosas versiones. Versiones cortas, versiones para niños, versiones en donde se sustituye el español antiguo por uno más "moderno", versiones anotadas y pare usted de contar. No es exclusivo de la obra de Cervantes, existen muchas versiones de clásicos como La Odisea, Moby Dick o Drácula. Libros tan atemporales que algunos aún insisten en adaptarlos a tiempos y personas, sin demasiado éxito.

La modificación de la obra artística es algo habitual. Son muchos los artistas que vuelven a visitar sus trabajos y hacen modificaciones, arreglan, destruyen. En el cine es muy común. Incluso las versiones Director's Cut (la versión del director) son triunfos del creador sobre sus productores. Nos dice que lo que vimos fue la versión mutilada por los estudios cinematográficos, usualmente por intereses más cercanos a lo económico que a lo artístico, y que ahora el director nos invita a ver la película como él la pensó desde un principio. También se agregan escenas, se cambian los finales, se mejoran las imágenes. Blade Runner es un buen ejemplo, existen no menos de siete versiones de la película, cada una con sus detalles particulares.

El caso con obras como el Quijote presenta una serie de problemas, entre los cuales el principal es el hecho de que cualquier modificación a la obra no será hecha por su creador, en este caso Cervantes, ya que está muerto. Es decir, que las modificaciones a la obra no las hace el creador, son realizadas por otros. Estos "arreglos" responden a los intereses de otras personas y son una mutilación de la obra original.

La intención particular de esta edición del Quijote es atraer a los jóvenes a su lectura. Pérez-Reverte explica en el prólogo a la edición: “cuando se trata de trabajar en colegios con el texto íntegro, las digresiones y relatos insertos en él perturban a veces la aproximación amena, eficaz, que una herramienta educativa o una lectura sencilla pueden reclamar”. Vaya. Esta consideración con los estudiantes revela tres perspectivas: los jóvenes son idiotas, el resto del sistema educativo falló y el Quijote es un texto farragoso y con material innecesario. Leer las aventuras de Don Quijote a los 15 años puede no interesar a muchos. Su lenguaje, extensión y complejidad no son un reto sencillo para el lector juvenil, claro está. Pero ¿la solución es adaptar la obra clásica en versiones más cortas y digeribles?

Uno de los fracasos más grandes de la educación escolar es no incentivar la lectura en los estudiantes. Los niños salen del colegio odiando los libros y con una percepción de la lectura como algo fastidioso e inútil. Una persona que no encuentra placer en leer, jamás apreciará un libro como Moby Dick. Es improbable.

Cuando yo estaba en el colegio nos mandaron a leer Don Quijote de Miguel de Cervantes y Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, en parte porque a nuestro colegio, el Santiago de León de Caracas, la alcaldía de Chacao le donó centenares de bellos ejemplares tapa dura publicados por la Real Academia Española. Casi nadie los leyó. La mayoría de los estudiantes aprobó los exámenes de comprobación lectora gracias a resúmenes de Internet y pura destreza para responder preguntas de desarrollo sin saber absolutamente nada (materia en la que los santiagueños somos expertos). Recuerdo incluso a un amigo que paso horas con un exacto cortando el Quijote hoja por hoja en forma de rectángulo para crear un hueco en la mitad del libro donde entrara su celular y así usarlo mientras todos creían que leía. La determinación y paciencia de mi amigo eran admirables. El proceso duro días, probablemente más de los que habría tardado en leer la novela. Antes de terminar el año, apareció un ejemplar de Cien años de soledad sobre el techo del gimnasio (la cancha de básquet). Se nos dio un largo regaño sobre esto, un "acto de despilfarro" y "vandalismo", un "irrespeto" inaceptable. A los pocos días, ya había tres ejemplares en el techo.

En lo personal, soy creyente de lo propuesto por Jorge Luis Borges: la lectura hedonista. Si un libro te fastidia, lee otro. Si no te gusta Cervantes a los 15, no lo leas, vuelve a él a los 21. Lo más probable es que no estés listo.

El objetivo primordial debe ser incentivar la lectura en los jóvenes, luego hacerlos leer los clásicos. ¿Por qué no introducir el uso de comics? Los jóvenes responden a los comics, son más visuales y entretenidos. Empezar por allí, seguir con lecturas no necesariamente fáciles, pero sí muy interesantes. Cuentos diversos. Uno de los grandes problemas es que la gente asocia los libros con temas aburridos, con vestidos largos y collares del siglo XIX. Hace unos días una amiga se sorprendía y me preguntaba: "¿Hay libros que hablen de esas cosas?" cuando le expliqué que la novela que leía trataba de un grupo de gente cuyo fetiche sexual eran los accidentes automovilísticos y como había toda una cultura de morbo con morir atropellado (el libro, por cierto, era Crash de J. G. Ballard). Poner a los jóvenes a elegir títulos a partir de una lista no es mala idea. No manejo el tema educacional, pero es una falla de arreglo vital en el sistema.

Editar el Quijote, quitarle partes para facilitar su lectura, es terrible. Es el triunfo del consumidor sobre el arte. Obligar a la obra a sucumbir ante las preferencias y los intereses del lector. El problema no es quién sea el verdugo, quién se encargue de la mutilación. No importa si es Pérez-Reverte, Javier Marías o Fidel Castro, ni que tan expertos sean en la obra. El problema es que no es el mismo Cervantes, aun cuando la obra ya ni siquiera le pertenece. ¿Con qué criterio se elimina o se mantiene un pasaje en el corte final? ¿Quién decide qué importa y que no?

Si el empeño por hacer de la obra de Cervantes algo obligatorio en la educación primaria se mantiene, se debe hacer con el texto íntegro. Enseñar a los niños a buscar las lecturas por lo fácil, por lo que presente menos reto es algo muy peligroso y que no ayuda en nada. O se asigna otra obra para la lectura en casa o se usa el Quijote completo. Además, al realizar estas modificaciones lo que leen ya no es el Quijote, es otra cosa, es la versión, la interpretación, pero no es la misma obra. Por ello, la iniciativa falla: están haciendo otro libro. No incentivan a nadie y quien lea esa versión no está leyendo realmente a Cervantes.

El Quijote seguirá allí, como ha permanecido todo este tiempo, aun con el empeño de obligar a los niños en plena pubertad a leerlo. Las versiones, en cambio, no duran mucho.