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Claudio Nazoa

Querido Niño Jesús

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Querido niño Jesús, me llamo Claudio y vivo en Venezuela, sé que todos los niños del mundo te escriben cartas pidiéndote un pocotón de regalos; también sé que no puedes complacerlos a todos con todo, especialmente ahora que las cosas han cambiado y los muchachos, cada día, piden más cosas tecnológicas que juguetes.

Mi niño Jesús querido, ¿sabes algo? De alguna forma te envidio, siempre quise quedarme inocente y niño como tú, lamentablemente crecí y me convertí en adulto, diferente a ti porque ya tienes 2.012 años, pero sigues siendo el niño Jesús. No sé cómo lo haces, pero eso me huele a que Dios tiene metida la mano en esto y por influencias celestiales, te dejó ser niño para siempre. Yo no sé por qué nuestro padre mayor hace estas cosas, con lo caro que es mantener a un bebé y pa´completar, un bebé regalón, porque si algo tienes tú es que te encanta regalar a pesar de que a ti sólo te regalan los tres reyes magos, cosas por demás inútiles, como canela, incienso y mirra. Mi estimado niño, a todas estas te estarás preguntando: "¿Y ese señor tan mayor para que me escribe?" Pues, te escribo porque a mi hija Valentina, de 9 años, en la escuela le dijeron que tú y el ratón Pérez no existían y que los regalos los ponían nuestros padres y... ¿sabes lo que ella contestó? -Para que las cosas sigan existiendo, hay que creer en ellas.

Eso me hizo reflexionar acerca de la vida... pienso, que a veces, cuando creemos perder el norte, cuando por los golpes que recibimos nos desilusionamos al punto de pensar que perdimos el camino, perdemos la fe y comenzamos a no creer en nada, y cuando no creemos en nada, al final, las cosas comienzan a desaparecer y a salir mal. Porque un día nos rasparon en la escuela, no creemos más en los estudios y nos quedamos brutos para siempre.

Porque un día peleamos con la familia, creemos que nuestra madre, padre y hermanos dejaron de existir.

Porque un día un negocio salió mal, dejamos de trabajar y de producir para siempre.

Porque un día nos divorciamos, más nunca voy a creer en el amor de pareja.

Porque un día alguien no me amó, ahora tengo que suicidarme porque nadie me quiere.

Porque un día la justicia no me favoreció y fue injusta, ahora voy a creer que la vida justa no existe.

Porque un día la opción política que nos gusta no tuvo éxito, desilusionados, borramos el camino que seguíamos y dejamos que desaparezca la democracia y la libertad.

Querido niño Jesús, porsia, vivo en Venezuela y en este golpeado pero bello país es donde quiero seguir mientras veo crecer a mis hijos y a mis nietos.

No importa lo que pase ahora, amo esta tierra, amo a los seres que la habitan, no importa que piensen diferente a mí, tampoco importa donde estén, los amo por amanecer todos los días bajo el mismo sol, dormir bajo la misma luna y respirar el mismo aire.

Fíjate, con tanta escribidera no te he pedido nada, pero en fin, lo mío es fácil: quiero que el amor, la bondad y el entendimiento, es decir, la tolerancia, nos acompañe como siempre debió ser. Te pido que los grandes tengamos la inteligencia y la inocencia de los niños, que como mi hija Valentina, están seguros de que para que las cosas sigan existiendo, hay que creer en ellas.

Ya de despedida, mi chuchito querido, te pido que sólo por esta noche, mi amiga Tania y yo, aunque sea por un ratico, volvamos a ser aquellos niños que un día, emocionados, abrieron los regalos que tú les trajiste.