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Mauricio Palacios

Queimada (1969)

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Hay películas grandes, películas que verdaderamente uno disfruta. Por lo entretenidas, por la calidad artística, por el nivel estructural, de pensamiento, de actores que se presenta. Hay otras películas que, además de disfrutarse, también hacen reflexionar. A veces pueden hacer reflexionar sobre nuestras vidas, o sobre la vida, a secas. O también, pensar la historia.

La historia, como río imposible de encauzar, siempre en continua repetición de sí misma, ante nuestros incrédulos ojos o, más bien, nuestra vergonzante ignorancia, y que continúa y continuará su curso, sin represa o embalse, ideología o totalitarismo que la detenga, aunque distorsionarla pueda entre discursos y libros de texto. Todo estaba ya en Roma, en Sumer, en las culturas de los túmulos. Así las hazañas de José Antonio Páez evocarían alguna batalla de los tártaros o los mongoles contra China o Rus de Kiev, que a su vez sería una mímica de cromañones expulsando a los neandertales de sus cuevas. 

Queimada es una de estas películas. Una película que se disfruta, que hace pensar la propia vida, la vida a secas, y también la historia. Data de 1969, fue filmada en Cartagena de Indias, con Marlon Brando como protagonista principal, y dirigida por Gillo Pontecorvo (cineasta italiano de origen judío, nacido en 1919, fallecido en 2006; por su película La batalla de Argel fue nominado en 1969 al mejor director en los premios Oscar, militante en movimientos anticolonialistas y comunistas).

Queimada se llama la isla (ficticia) debido a que cuando los conquistadores portugueses tomaron la isla, debieron quemarla completamente para rendir a los nativos y es el telón de fondo de la película. El personaje que encarna Marlon Brando tiene el sugestivo nombre de William Walker, y es un agente al servicio de la corona británica para independizar países en América Latina y fomentar el libre comercio en las recién nacidas repúblicas. Nombre sugestivo el de William Walker, ya que ese mismo nombre lo portaba un filibustero estadounidense.

Filibustero entendido como una suerte de pirata, o aventurero que por cuenta propia y ejércitos mercenarios invadía otros países, sin que estuviera necesariamente en representación del gobierno de Estados Unidos. William Walker (el filibustero) invadió Nicaragua en década de los 50 del siglo XIX, y llegó a ser presidente de ese país, hasta que fue depuesto por una coalición salvadoreña y hondureña. Volvió a intentar invadir Centroamérica, pero fue fusilado en Honduras por la coalición centroamericana que lo combatía.

Conspirador, gentleman inglés, elegante y bárbaro al mismo tiempo, William Walker (el personaje que interpreta Marlon Brando) inicia sus actividades en la isla de Queimada incitando tanto a los esclavos como a la clase comerciante, por cada lado de manera diferente. William Walker conoce (después de cierta búsqueda) al mulato José Dolores, y lo convence de sublevarse contra el poder colonial. Mientras la escalada de violencia y sublevación va aumentando, él mismo va convenciendo a las élites comerciantes, por otro lado, de independizarse de Portugal, también, eliminar la esclavitud e instaurar el trabajo asalariado.

Para convencerlos de ello, en una escena verdaderamente magistral, donde William Walker y la élite comerciante están reunidos, este les pone un ejemplo, «quizá un poco inconveniente, pero acertado a mi modo de ver», en palabras del personaje. El ejemplo consiste en comparar a una esposa con una prostituta. Teniendo en cuenta como valor principal el amor. «El amor físico, naturalmente, los sentimientos no forman parte de la economía», dice. La esposa debe ser mantenida durante toda la vida, incluso cuando ya no sea rentable. Requiere casas, cuidados, atenciones. En cuanto a una prostituta, se le paga por hora, y se va directo al punto. Luego de esta explicación, se confiesa como agente británico y explica que si no se dan esos cambios, el negro no querrá erigirse en amo, sino que matará a los blancos. William Walker dice querer el libre comercio, el progreso y la civilización, e insta a los allí reunidos a apoyarlo en dicha causa.

Los esclavos deponen las armas y aceptan el trabajo asalariado. William Walker parte, satisfecho de su trabajo, a Inglaterra. Su trabajo como agitador fue exitoso, y queda como amigo tanto de José Dolores como de los comerciantes. El tiempo pasa, hasta que vuelve a recibir noticias de Queimada. Los esclavos se volvieron a rebelar. El desenlace final podría ser casi evidente (véase por ejemplo, Corazón valiente, la historia de William Wallace, desenlaces predictibles y predecibles del cine, pero también de la historia), pero las reflexiones de José Dolores, valdría la pena destacarlas.

El motivo de la revuelta (cuando la revuelta vuelve a comenzar) es referido como la idea de José Dolores, de que la paga no altera en nada la esclavitud. Mientras un hombre trabaje para otro, dice, y haya un amo y alguien que trabaja, habrá esclavitud. En la historia misma de Venezuela, después de guerras de independencia o federales, los combatientes tenían que vender al caudillo de turno las mismas tierras ganadas con su sangre al no poder sustentarlas.

En perspectiva, así como los muyahidines hoy son talibanes, como transfigurados de Luzbel a Lucifer. Los esclavos levantados por William Walker luego son después enemigos que él mismo debe someter. Ad infinitum, la historia repetida. Como crear el virus para luego producir la vacuna.

También pone en cuestión el mulato José Dolores una reflexión que nos concierne en algún momento como individuos que entramos en el siglo XXI. Más o menos dice, palabras más, palabras menos, que es preferible saber cómo ir (en el caso de José Dolores y los esclavos, el estado incivilizado) pero no adónde, que no saber cómo ir pero sí adónde (en el caso de la isla de Queimada, saber que se quiere llegar a la civilización y más allá, pero no cómo hacerlo).

¿Adónde va la historia o la humanidad? ¿Adónde quiere ir? La idea de la fe en la civilización y el progreso, como una avalancha y promesa indefinida de perspectivas de futuro, paz perpetua y felicidad eterna. ¿Adónde vamos? ¿Lo podemos dirigir, o la historia es de verdad como un río imposible de encauzar? ¿Cuál civilización?