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Yasmín Núñez

¿Puede Venezuela convertirse en la Fuenteovejuna del siglo XXI?

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 “Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener razón”.

Autor Anónimo

 

 


Estos últimos diecisiete años han sido la peor etapa que ha vivido Venezuela en mucho tiempo. No solo por la destrucción de las ya frágiles instituciones democráticas o por la ruina planificada del aparato productivo, sino por la forma como se condujo al país por la senda del odio. Fuimos testigos de cómo se humilló a gente honorable, de cómo se burlaron del dolor ajeno, o se incitó sádicamente a la división entre hermanos, desde lo más alto del poder.

En principio, se celebró el ataque despiadado contra la vieja clase política, por ser el chivo expiatorio de todos nuestros males; luego le tocó el turno al sector productivo, al cual se culpó de una guerra económica inexistente. Con solo pronunciar la infame y tristemente célebre frase "exprópiese", condenaron a la más injusta ruina a generaciones enteras de empresarios exitosos, quienes fueron, incluso, generosos financistas de quien luego con ingratitud se dio a la tarea de perseguirlos.  

De allí a arremeter contra todo fue solo un paso. Se condenó a un Cardenal al infierno, cuando aun sus feligreses le rezaban en capilla ardiente. Vimos “bailantas” de cadetes mientras se velaban los restos de un ex presidente de la República. Observamos estupefactos, cómo al ritmo de un pito infantil se despidió macabramente al personal petrolero mejor capacitado del mundo, condenando a la quiebra a la única empresa que cubría nuestro cómodo nivel de vida. Se auspició la vagancia y la mediocridad, y sin muestras de arrepentimiento alguno se castigó la excelencia al establecer el cinismo y el caradurismo como política de Estado. Con el lema: "O están conmigo o en mi contra" se logró dividir a los venezolanos en “ellos” y “nosotros” como si se tratara de dos bandos irreconciliables.  

Hoy, bajo la continuidad de la política ejercida como legado, con menos ego, pero con más empeño en arrasar con todo lo bueno que aun nos queda de País, se han volcado a la miserable tarea de empobrecernos con el fin de asegurar larga vida a esta mal llamada revolución, por aquella diabólica idea fidelista de que un pueblo hambriento no tiene fuerza para luchar por su libertad y mucho menos para derrocar a un gobierno tirano por vocación.

Hoy, cuando ya no tienen el sol de frente, sino a sus espaldas, es momento oportuno para reflexionar sobre los sentimientos de odio, ira e indignación que estos nefastos diecisiete años han hecho florecer en la fibra más profunda del venezolano.

En estos tiempos inéditos que vivimos tenemos la gran oportunidad de derrotar tan viles sentimientos. Es nuestro deber renovarnos como nación y desterrar el cinismo oficial. En fin, tenemos una valiosa y tal vez única oportunidad de transmutar tanto daño acumulado.

El camino de la venganza nunca ha traído bien donde reinó antes el mal. Si caemos en la tentación de los revanchismos, terminaremos pareciéndonos a la barbarie narrada tan magistralmente por Lope de Vega, en su célebre obra “Fuenteovejuna”.

Si algo nos puede salvar de este abismo es aferrarnos a la vía de la justicia, aplicando castigos proporcionales a los delitos cometidos, con apego absoluto a la ley y respetando los derechos fundamentales e inherentes a todo ser humano, esos que han sido tantas veces pisoteados por los que un día ya no estarán en el poder.

Debemos tener claro que sin Justicia no habrá paz, sin paz no habrá orden y sin orden no habrá sitio para el renacer de una nueva Venezuela.

Actuar con retaliación en contra de los actuales “Encomendadores”, no solo no nos salvará, sino que pudiéramos caer en la tentación de convertirnos en la Fuenteovejuna del siglo XXI.

Después de tanto sufrimiento nos merecemos vivir en una Venezuela donde destaque la reconciliación como protagonista, y así poder reconstruir entre todos las fuentes de prosperidad que traigan de vuelta a casa a los millones de jóvenes profesionales que se han ido.

Vivamos sin rencores, sin odios, sin divisiones. Unamos nuestras fuerzas para que vuelva a brillar la luz en Venezuela y volvamos a ser el faro de América, como lo fuimos en el pasado, gracias al valor y al sacrificio de nuestros libertadores. Sería la única forma de asegurar que ellos nunca más vuelvan a contaminarnos con su mal vivir y su mal proceder.

 

 

 

@yasmincnunez