• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

¡Pueblo, desconócelos!

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Proletarios de todos los países, uníos.
Manifiesto del Partido Comunista. 1848.

Cuando veas la trilogía del mal y su letrero, “Pueblo Reconócelos”, te haces el loco y en tu mente cambia las caras. Por la de Henrique divides el cuadro entre Nicolás y su temible primera combatiente, quienes para comprar tu voto te suben el sueldo y te adelantan aguinaldos, lo que alcanza para dos días, eso si consigues pollo, harina de maíz o papel tualé. En vez de María Corina y su largo pelo colocas al carente de Cabello, ese Diosdado a quien tu siempre querido Hugo Chávez vio como un rival peligroso, por ahora le paró el trote a su envidia y ambición con las de otros frutos del mismo samán, que adoran la riqueza pública, no muestran su declaración de bienes, cuánto tenían antes de Chávez ni después de que tu voto sacó a su líder del estado Miranda, al que dejó en la carraplana. En el lugar de Leopoldo pegas la facha del multimillonario rojo rojito Rafael Ramírez que les regala tus reales de Pdvsa a Cuba, Nicaragua, Bolivia, y les entrega a rusos, chinos y guyaneses, tu suelo, petróleo, hierro, oro, tu futuro, el de hijos y nietos a cambio de que les presten el dineral en efectivo que volaron entre robos, regalos, repartos y que necesitan ahora para seguir en Miraflores.

Cuando tengas que cantar el Himno Nacional en esta campaña para elegir alcaldes y concejos municipales que serán comunas de enchufados, entonas de la boca para fuera “bravo pueblo” y por dentro cantas “Gloria al pueblo arrecho” sin miedo porque viene del latín “arrectus” que significa levantar y en buen criollo que estás harto, fiebrudo, fúrico, hasta la coronilla de tanta coba. Y, además, que quieres ser libre y chévere.

Entiende al revés las noticias del canal VTV y las radios comunitarias: ¿que la derecha esconde la comida?, ya tú sabes que toneladas de alimentos y medicinas importados se pudren a diario en tus puertos; ¿que la burguesía capitalista y el imperio yanqui te hacen guerra económica?, no, es que el desgobierno arruinó tu país y tu billete vale nada; ¿que hay más policía, menos malandro armado y poca droga?,  pues cuenta tú los casi 200.000  asesinados por su revolución que une al hampa política con la callejera.

Así te preparas para el 8D cuando a medianoche, con tono de Caperucita Roja, te avisen que ganó la misma mayoría del pasado 14A y que están listas las celdas de Nicolás con sus pranes y pranas, para los millones que reclamen el resultado.

No les hagas caso. Tienes derecho a pataleo por el artículo 350, desobediencia civil consagrada por la Constitución, es decir guarimba legal. Ante oficiales francotiradores, tanques con milicianos y motos de colectivos del Plan Ávila, a su estilo de 2002, ahora no permitas que te usen otra vez como carne de cañón, te sientas en la calle frente al centro electoral hasta que ante cámaras y testigos te cuenten los votos comparados uno a uno con los cuadernos de votación firmados por doble cedulados, fieles difuntos, tristes emigrados y turistas por un día con cédula exprés venezolana.

No le pares a si Nico habla con el pajarito Hugo y su aparición-flash por todos lados, eso es manicomio a locha más un viejo y rojo truco para que asustado por sus sapos cachucha sigas de esclavo limosnero a las órdenes de La Habana y el Fuerte Tiuna.

Reúne a tu gente al grito de “engañados de todos los municipios gobierneros, uníos” y, de paso, rindes tributo al pionero Partido Comunista Venezolano, que cometió graves errores cuando el terrorismo urbano y la guerrilla, pero en las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez fue civilista, sacrificado y respetable, nada que ver con el PSUV donde te inscribiste a la fuerza o creyendo en sus promesas. Avíspate, pues. Pueblo somos todos.


 

Los excesos verbales que caracterizan ahora al debate político colombiano resonaron tras el anuncio de gobierno y FARC sobre los avances en el segundo punto de la agenda de negociación de La Habana. Los defensores a ultranza del proceso echaron palomas blancas al vuelo al asegurar que la paz es irreversible y que está a la vuelta de la esquina, mientras que los opositores se movieron en el contradictorio discurso que por un lado afirma que el presidente Juan Manuel Santos le está entregando el país al castro-chavismo y por el otro niega que lo acordado en la mesa tenga importancia.

Si en lo acordado no hay cuestiones de fondo, no puede haber entrega del país a nadie, y esa es la contradicción de los opositores. Pero cuidado: que estos se equivoquen al desconocer los avances no implica que quienes soltaron las palomas estén en lo cierto. El texto acordado en La Habana plantea caminos de apertura política para que nuevos movimientos lleguen a la Cámara de Representantes y establece que el Estado ofrecerá garantías especiales de seguridad a quienes hagan proselitismo a nombre del partido político que surja tras la desmovilización de las FARC.

Es mucho y es poco. Mucho, porque, como lo dijo Santos, nunca una negociación con las FARC había avanzado tanto en el camino para que ese grupo desaparezca como organización armada. Y poco, porque el tema grueso de la negociación –saber si los comandantes de las FARC se librarán de la cárcel y podrán aspirar al Congreso– no ha sido definido y, de hecho, quedó aplazado para más adelante.

Lo acordado hasta ahora en materia de participación política es para nuevos movimientos que surjan en las regiones en que las FARC han ejercido su influencia armada, donde es dable suponer que muchos de sus habitantes tienen afinidades ideológicas con esa guerrilla. Pero nada está dicho sobre la suerte que correrán los jefes de las FARC, autores de crímenes atroces y delitos de lesa humanidad que, a la luz de la legislación internacional que Colombia ha suscrito, no pueden ser objeto de amnistías, indultos ni perdones generales.

La fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, lo dejó muy claro hace varias semanas en una carta a la Corte Constitucional, a propósito del examen del Marco Jurídico para la Paz. Eximir de la pena de prisión a los principales responsables de los peores crímenes resulta, dice ella, inaceptable tanto como que esos responsables pueden ser luego elegidos al Congreso. La fiscal anota además que, si eso llegase a ocurrir, la CPI podría intervenir.

Menudo lío, porque los comandantes de las FARC aspiran justamente a librarse de la cárcel y a ser elegidos al Senado, una vez se desmovilicen y desarmen. Eso tenía que haber quedado resuelto en el segundo punto de la agenda, que versaba sobre la participación política de los guerrilleros desmovilizados. Pero como por ahora no hay fórmulas para resolver el enredo, gobierno y guerrilla no tuvieron más remedio que dejar semejante tema tan grueso para más adelante.

Al gobierno le urgía anunciar un acuerdo en el segundo punto de la agenda, porque el escepticismo de la opinión pública frente a la negociación había alcanzado niveles tan peligrosos que lo que estaba en juego era la reelección misma de Santos. Y a pesar de lo insuficiente que resulta el texto acordado, su sola divulgación le dio al proceso algo del oxígeno que necesitaba.

¿Por cuánto tiempo? No hay que hacerse demasiadas ilusiones. Se impone un ejercicio de realismo y comprender que el tema más crítico de toda la negociación está enredado. Hubo un avance, sin duda, pero es limitado. Y así como sería injusto desconocerlo y no prenderle a Santos ni una vela, resulta exagerado prenderle demasiadas, pues en una de esas el exceso de candelas termina por chamuscarlo.