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Demetrio Boersner

¿“Progresismo” chavista?

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En el mundo de la izquierda democrática internacional (socialdemócratas y social-liberales), algunos observadores entienden que Venezuela está en crisis y que el régimen comete atropellos, pero no se atreven a desechar la noción de que, pese a todo, de algún modo, los desaciertos chavistas tienen contenido “progresista”. Acomplejados por el temor de que algún prohombre del “agitprop” internacional los califique de vendidos, acallan la evidencia de los hechos que sí perciben otros observadores progresistas más perspicaces y valientes, tales como los editorialistas de Le Monde de París que, sin  miedo, denuncian de frente la concentración casi total del poder público venezolano en las manos del Ejecutivo, la desposesión y subyugación de la clase trabajadora por un capitalismo de Estado  explotador, la quiebra nacional financiera y el saboteo de la soberanía económica venezolana por la destrucción del aparato productivo no petrolero, que nos ha retrotraído a la condición de neocolonia dependiente de importaciones. 

Algunos observadores socialdemócratas extranjeros se sienten incómodos por el despotismo chavista, pero conservan la falsa creencia de que el mismo estaría, de algún modo, “favoreciendo a las mayorías populares” (para ello se basan en la aceptación acrítica de declaraciones y cifras oficiales). Aunque persuadidos de que, en sus propias patrias primermundistas, el respeto a la libertad individual y los derechos humanos debe ser absoluto, mantienen la perniciosa noción de que a los países del Tercer Mundo se les puede dar el “progreso” por mitades, estableciendo una “equivalencia” entre libertad política y justicia social. Si una dictadura de izquierda les niega la libertad pero les ofrece avances en equidad social, la negación de libertad puede ser “perdonada”, según estos jueces del bienestar ajeno, que denominan “democracia radical” a la igualdad sin libertad, en contraste con la “democracia liberal” a la cual miran con menosprecio.

Por otra parte, entre comentaristas socialdemócratas internacionales permanece arraigado un hondo prejuicio contra la oposición democrática venezolana, debido en parte a la eficacia de la propaganda castro-chavista mundial, pero también a la ignorancia histórica y pereza intelectual de algunos “expertos” académicos. No se toman el trabajo de estudiar dato alguno de los cuarenta años anteriores al chavismo y avalan la falsificación histórica que pretende que antes de Chávez no hubo nacionalismo democrático ni democracia social.

Aunque el régimen chavista-madurista pierde apoyos internacionales de día en día por sus torpezas y sus abusos, todavía queda mucho por hacer para que la oposición democrática llegue a ser apreciada mundialmente en su valor progresista liberador, y en su verdadera composición policlasista: alianza de clases media y trabajadora.