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Antonio Ecarri Bolívar

Profanaron la historia de Venezuela

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Acaba de ocurrir en Venezuela un hecho abominable que no hubiera pasado por la mente de los padres fundadores de la democracia, que jamás se le hubiese ocurrido siquiera a la fértil imaginación del novelista excelso que fue Rómulo Gallegos: el bochorno, según el cual, en pleno siglo XXI, aún sobrevivan gobernantes que auspicien a los cultores de la brujería, de la superchería y, en consecuencia, esos bárbaros del siglo XIX vinieran, autorizados, a profanar la tumba de los inseparables esposos, símbolos de la cultura y la civilización venezolana, como son Don Rómulo y Doña Teotiste Gallegos. ¡Qué vergüenza con el autor de la obra literaria más emblemática de Venezuela! ¡Qué baldón de ignominia con el abanderado de la civilización democrática frente a la barbarie!

El mismo agravio ocurrió con la tumba del General Isaías Medina Angarita, un venezolano con quien Acción Democrática tuvo diferencias notables, pero siempre ha honrado su memoria histórica, porque somos gente civilizada y no guardamos facturas para pasárselas a nadie en vida y muchísimo menos después de muerto. Me van a permitir un paréntesis, que va a servir como respaldo a estas afirmaciones, sobre el respeto que profesamos los adecos por nuestros adversarios en todas las épocas.

Me refiero al discurso que pronunció Rómulo Betancourt a su regreso a Venezuela apenas fue derrocada la dictadura. En efecto, el 9 de febrero de 1958, quince días después de que la unión cívico-militar derrocara al dictador Pérez Jiménez, dijo Rómulo en El Silencio: “Muchas cuestiones fueron objeto de discusión y análisis en los diálogos realizados con Rafael Caldera y Jóvito Villalba, esas dos grandes figuras de la democracia nacional, exiliados como yo en la ciudad de Nueva York. Y cuando llegó a esa ciudad el General López Contreras, durante muchas horas discutimos con él, y también encontramos, en el ex Presidente, un hombre fundamentalmente interesado en que en este país se asiente la democracia definitivamente. Y no vacilo en decir que si una muerte prematura no lo hubiera arrebatado del mundo de los vivos, con el ex Presidente Medina Angarita hubiéramos podido discutir sobre los problemas de Venezuela, con ánimo sincero de buscarles soluciones razonables”.

Y aquí viene la premonición de Rómulo ese día de 1958, que se hizo realidad en estos últimos 17 años: “Es que nos hemos convencido todos de que el canibalismo político, la encendida pugnacidad de la lucha política, le barre el camino a la barbarie para que irrumpa y se apodere de la República. Al expresarme así no estoy definiendo una actitud de carácter personal. Estoy ratificando una línea de partido, del Partido Acción Democrática, adelantada en su primer manifiesto a la Nación”.

Estas afirmaciones, del compañero Rómulo Betancourt, no necesitan comentarios adicionales y ratifican la conducta ética de Acción Democrática frente a nuestros rivales políticos, a quienes nunca consideramos enemigos sino adversarios circunstanciales, con quienes debemos ponernos de acuerdo al tratarse cuestiones de Estado, cuando se trate de los grandes intereses de Venezuela.

En este país no va a prevalecer la barbarie ni la superchería, ni los “rebullones” paleros cebados en los campos santos, ni los Mujiquitas alabarderos del régimen nefasto que nos ha tocado padecer. ¡No! van a prevalecer las Marisela y los Santos Luzardo del siglo XXI. Nosotros, quienes militamos en el partido político que fundó nuestro novelista fundamental, vamos a lograr que una idea, solo una, prevalezca: la idea irreversible de la civilización, para que sea puesta al viento, como recomendaba Luis Beltrán Prieto Figueroa, caiga en suelo fértil y germine, muy pronto, como fruto de la libertad de Venezuela.

Una vez derrotada esta satrapía, una vez que un demócrata entre a ocupar el solio presidencial, vamos a cumplir con la historia y a la vez complacer la voluntad testamentaria de nuestro primer Presidente electo por el pueblo: los adecos propondremos, al próximo gobierno democrático, que traslademos a Rómulo Gallegos al Panteón Nacional y como él deseaba que doña Teotiste descansara a su lado, pues ambos irían al cenotafio de nuestros héroes, porque la insigne compañera de don Rómulo también ha entrado por la puerta grande de la mejor historia de Venezuela. No es venganza vanidosa sino una propuesta, ejemplarizante y civilizadora, para desagraviar la historia que ha sido profanada.