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Eduardo Mayobre

Primero de Mayo

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Luis Ugalde escribió el pasado 3 de abril en estas mismas páginas (electrónicas) un excelente artículo titulado “Primero de Mayo cargado de futuro”.  En muy breve espacio analiza los bloqueos mentales de los venezolanos que nos han traído a donde estamos; propone lo que llama una nueva narrativa que pueda inspirar las acciones futuras, con énfasis en la educación y la productividad; y llama a que tengamos este año “un Primero de Mayo con los estudiantes y la sociedad en la calle unidos en la denuncia del empobrecimiento del pobre, por desabastecimiento básico, porque la inflación (no compensable con solo aumentos) le roba al trabajador el quince y último, y porque la actual falta de educación de calidad perpetúa la pobreza de los hijos de los pobres”.

El día de los trabajadores parece especialmente oportuno para manifestar el descontento y proyectar las ansias de un futuro mejor porque ellos han sido particularmente afectados por el gobierno del autodenominado “presidente obrero”. En descargo de este último pudiera decirse que cuando asumió el cargo ya el mal estaba hecho. Ya se habían gastado los ingresos, se había aumentado la deuda y destruido el aparato productivo. De manera que la inflación y la devaluación, que juntas forman un círculo vicioso, eran prácticamente indetenibles. Su causa inmediata era el enfoque de Chávez de manejar la economía con criterios electorales. Como su régimen consistió en el culto a sí mismo, sacrificó toda consideración que no ayudara a la centralización de su poder y así se le fueron reales.

El error de Maduro ha consistido en no darse cuenta de lo anterior y persistir en un enfoque ineficiente que se devora a sí mismo. Lo rescatable de los programas sociales de que se ufana el gobierno ha sido carcomido por el alza de precios, la escasez y los malos servicios. Antes, cuando el bolívar oficial era el único mencionable, fijado a 4,30 bolívares, presumía que el salario mínimo de Venezuela era el más alto de América. Ahora, si se le calcula para hacer comparaciones al precio del mercado paralelo o aún al del oficializado Sicad II, resulta que es el más bajo de la región. La ilusión de progreso se ha perdido.

Ante la evidencia del fracaso, el gobierno se ha paralizado y anuncia medidas sin concierto, como combinar una devaluación abismal con una ley sobre los llamados precios justos, que solo pueden llevar a una mayor inflación y desabastecimiento. A veces, como en el caso del precio de la gasolina, vislumbra la necesidad de actuar, pero enseguida teme enfrentar el costo político implícito de una medida de anteojito. La anuncia y luego calla.

A lo anterior habría que añadir el ataque sistemático que ha sufrido la clase obrera organizada por parte del régimen desde sus inicios. El afán de controlar cualquier institución que mantuviera un margen de independencia con Miraflores ha llevado a la desaparición en la práctica de la contratación colectiva y a que la voz de los trabajadores no sea escuchada, por no hablar del estímulo a las mafias sindicales gobierneras.

Todo ello ha conducido a la indefensión de la clase obrera, en un gobierno que se autoproclama como defensor de los trabajadores. Las protestas ante tal situación han sido enfrentadas con la represión militar, policial y de colectivos armados o milicias, lo que ha provocado una hermandad con los estudiantes, quienes han recibido el mismo trato. Por ello el llamado del padre Ugalde a obreros, estudiantes y la sociedad en general para unirse en la calle en la defensa militante y pacífica de sus derechos y en la exigencia de mejores posibilidades de futuro.

Volviendo a él y su artículo, aunque en general estoy de acuerdo con su nueva narrativa y las soluciones de largo plazo que propone, tengo algunas diferencias con su análisis, las cuales en otras circunstancias hubiera querido comentar. La discrepancia es porque me da la impresión de que su enfoque parece atribuir a una especie de mal generalizado de los venezolanos las penurias que ahora estamos viviendo. Da la impresión de que los venezolanos tenemos conceptos equivocados que constituyen una suerte de tara genética. Si la democracia y la armonía no fueran actualmente una prioridad absoluta, me hubiera gustado discutir al respecto, sobre todo con un intelecto tan fino como el de Luis Ugalde. Porque así como hay mitos de riqueza y autovaloración que bloquean el avance también los hay de culpa y arrepentimiento que rayan en la penitencia. Él, que es un respetable sacerdote católico jesuita, seguro los conoce. Este Viernes Santo hubiera sido una oportunidad casi perfecta para esa polémica. Pero el próximo Primero de Mayo, tal como él lo propone, lo mejor es que la sociedad entera exprese su denuncia.