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Froilán Barrios

Primero de Mayo 2014: la desnaturalización de las relaciones de trabajo

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Esta fecha histórica que tradicionalmente conmemoramos cada año, ha sido la oportunidad ritual de plantear exigencias de salarios más altos, pasivos laborales, contratos colectivos, y esta ocasión debe servir para abrir una pausa y desarrollar un crudo debate sobre la realidad de nuestras instituciones laborales, construidas desde la tercera década del siglo pasado para ser hoy, en su esencia, amenazadas de extinción definitiva.

Por tanto, debemos reconocer que si ha habido algún éxito en las políticas laborales estatales de estos 15 años, ha sido lograr envilecer el sistema de relaciones de trabajo en nuestro país y que una gran parte de la conciencia trabajadora acepte como natural, que no se le haga huelga al patrono Estado ungido por la revolución, o que sindicatos bolivarianos convoquen a constituir milicias obreras que a la postre repriman la protesta laboral, o que el principal deber del trabajador no es la conquista del trabajo digno sino la asistencia al acto oficialista para mantener el puesto de trabajo, o delatar al compañero de trabajo que no sea afecto al “socialismo del siglo XXI” para que sea despedido, o no trabajar la semana completa ya que por ley tengo estabilidad absoluta y nadie me despide.

En este orden de ideas, celebrar que las empresas privadas con fuentes de trabajo estables deben ser estatizadas, y así, luego, al término de 2 o 3 años de gestión oficialista, cierren por mala gerencia y corrupción, o difundir la versión de que las 400 muertes por sicariato sindical son producto del hampa y no tienen como raíz el tema del empleo, o en medio del jolgorio de “así es que se gobierna” festejar que hayan sido apresados sus compañeros sindicalistas por dirigir huelgas.

En medio de esta orgía del poder, calificar como justicia los desmanes de las inspectorías del trabajo y del Insapsel, que utilizan en muchos casos la solvencia laboral y la LOT como una alcabala de los comisarios del partido, donde se aplica la ley del embudo: para el sector privado sanciones de todo género y para el sector público la permisividad absoluta en las violaciones de derechos laborales. Este cuadro dantesco es extensible al Poder Judicial, cuyas sentencias laborales contiene un curso regresivo de las conquistas alcanzadas.

En resumidas palabras, estas prácticas desenmascaran la intención del Estado comunal de convertir los sindicatos en instituciones de utilidad pública sujetos de control del Estado, políticas, por cierto, afectas e inspiradas en el fascismo franquista y del duce Mussolini.

En definitiva, ante esta barbarie antilaboral la que sale perdiendo es precisamente la masa laboral, ya que patronos inescrupulosos tanto privados como públicos, oficialistas y opositores, se aprovechan de la impunidad de un viciado sistema de relaciones de trabajo y violentan los derechos laborales, lo que se resume en la cruel realidad de que ni tu salario ni tu pensión o jubilación te alcanzan para una vida decente, y se echa al cesto de la basura la progresividad laboral consagrada en la Constitución Nacional.

 

*Movimiento Laborista