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Elsa Cardozo

Pretextos, medios y miedos

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Para poner frenos a la libertad de expresión han valido por aquí y en el vecindario los argumentos más variados y rebuscados, aprovechando cualquier circunstancia para insistir en el sofocamiento de los medios independientes. Así ha venido ocurriendo, a tono con la manera personalista y cada vez menos democrática de ejercer el poder, en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Argentina, para no hablar del histórico monólogo castrista.

Descalificaciones y amedrentamiento, ahogo económico, restricciones legales y medidas judiciales, como para la prensa escrita lo reportaban hace pocos días Alejandro Hind y Manuel Tovar en estas páginas, han afectado a todos los medios no dispuestos a reproducir la historia oficial.

Son muchas las modalidades del asedio. En cuanto a las más elaboradas combinaciones, quizá Venezuela esté por ser el mejor caso de estudio, si es que ya no lo es. Pero centrémonos en las justificaciones presidenciales, así sea con una muestra de los pretextos más recientes.

A mediados de este mes Rafael Correa introdujo un argumento ecológico verdaderamente peculiar. Tras su decisión de suspender el fideicomiso que protegía de la explotación petrolera a una parte del parque Yasuní, ha desafiado a los “mercantilistas” críticos de su decisión a que reúnan las firmas para solicitar un referendo, a lo que poco después añadió: “si vamos a consulta popular propondremos también diarios solamente digitales para ahorrar papel y evitar tanta tala indiscriminada de árboles”.

Días antes, Cristina Kirchner, después del severo revés electoral de las primarias, no se ahorró descalificaciones a los medios por el orden en que habían informado sobre los cómputos provinciales, como si los resultados en la Antártida pudieran modificar el cuadro de pérdidas de su partido y del proyecto reeleccionista.

Hace unos meses Evo Morales acusó a la prensa de ser la causante de que él se precipitara a anunciar resultados del censo de población relativos a datos política y electoralmente muy sensibles, datos que luego fueron contrariados por la información oficial. El año pasado, por divulgar lo dicho públicamente por el Presidente sobre la flojera de los moradores del oriente de su país, tres medios fueron llevados a juicio penal por incitación al racismo. En estos días, la acusación gubernamental se ha dirigido contra “medios prochilenos”.

En Nicaragua, después de aplicadas todas las modalidades directas e indirectas de censura y control, Daniel Ortega no parece necesitar argumento alguno. Lo mismo que en Cuba, donde la revolución tuvo buen cuidado de censurar al mismísimo José Martí. Es de él la idea, convertida en aforismo, de que “El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”.

Y por aquí, el muestrario de pretextos para la presión y el control de los últimos tiempos incluye la defensa de los niños y adolescentes, la exigencia de un peculiar equilibrio informativo y la acusación a los “medios burgueses” que pretenden utilizar la comunidad diverso sexual para tapar la corrupción en la oposición. Anticipo de lo que puede traer la imposición de una ley habilitante, según indican los antecedentes y ahora se confirma en materia de pretextos, medios y miedos.