• Caracas (Venezuela)

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Franck Viloria

Presiones versus presiones

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La semana pasada escribí sobre las presiones que ejerce el gobierno a las instituciones independientes, como por ejemplo los periódicos, las clínicas privadas, las empresas de alimentos o las de autopartes, cuando no se les asignan las divisas que requieren para prestar servicios fundamentales a la sociedad. En ese artículo se habló de los condicionamientos para acceder a las divisas que permitan realizar las importaciones programadas. Esas presiones, sin embargo, no afectan solo a las instituciones, sino a la sociedad en general. En el caso de la prensa escrita la manera de presionarla es restringiendo la importación de papel periódico, pero ello perjudica no solo a los diarios, sino también a los ciudadanos, que no pueden ejercer su derecho de estar informados. En el caso de las clínicas, la falta de divisas limita la adquisición de equipos médicos, quirúrgicos y medicinas, lo que a su vez impide a los ciudadanos ejercer su derecho a la salud. Lo mismo ocurre con los importadores de alimentos, los de repuestos automotores y tantos otros cuya carencia de divisas limita el ejercicio de los derechos civiles de los ciudadanos y menoscaba su calidad de vida.

A la fecha de escribir este artículo las cosas siguen igual que antes, aunque, como decía mi padre, igual que antes pero peor. Ahora bien, tenemos las presiones que ejerce la sociedad al gobierno para poder satisfacer las demandas y necesidades que son parte de los derechos y garantías que el ciudadano tiene consagrados en la Constitución vigente. Pero, ¿cómo se puede ejercer esta presión? Pues, simplemente, haciendo marchas, manifestaciones, huelgas de hambre (¿recuerdan a Brito?) dentro de un marco constitucional y pacífico. También se puede ejercer presión escribiendo artículos y denunciando la realidad del país en los pocos medios de comunicación independientes que nos quedan. Como ustedes saben, las diferencias entre la fuerza y el poder con que cuenta el gobierno no son nada comparables con las insípidas manifestaciones de unos millares de ciudadanos que reclaman lo que por ley les pertenece. Obviamente, se trata de una pelea muy desigual, pero las libertades ciudadanas en ningún país del mundo son concesiones de los gobiernos, sino conquistas de los ciudadanos, que muchas veces han pagado un alto precio. Las verdaderas democracias, incluso como la que perdimos, se ganan, se construyen; no caen del cielo.

Los trabajadores de los medios de comunicación impresa han hecho varias marchas a la antigua sede de Cadivi y seguirán haciéndolo hasta que el gobierno otorgue los dólares para importar papel periódico, que no se produce en el país y que viene afectando la producción del diario que leemos por las mañanas. Ustedes habrán notado que las revistas tienen menos páginas, que el periódico es cada vez más delgado y que varios diarios regionales han cerrado, en espera del preciado papel. Ojala que llegue a tiempo para evitar la pérdida de 30.000 puestos de trabajo. Venezuela en pleno solicita al gobierno que piense en el daño tan grande que le hace a nuestra sociedad al continuar con esas prácticas antidemocráticas.

La situación que impera en el país no deja lugar a dudas en lo que debemos hacer: hay que presionar para lograr un cambio. Esta aseveración no se debe confundir, señores lectores, con los cambios estructurales que en política está haciendo el gobierno y mucho menos cuando 52% de la población no está de acuerdo con las transformaciones planteadas por vía de decreto. Los cambios que impone el gobierno son un golpe de Estado a la Constitución vigente, pues en ella nada se dice del socialismo. Cómo será la situación que vivimos que el oficialismo no ha tenido otra alternativa que invitar al gobernador de Miranda, Henrique Capriles, y a los alcaldes a sentarse a discutir los planes para enfrentar la inseguridad de manera mancomunada, propuesta que se planteó hace más de una década y que siempre fue ignorada por el gobierno. De igual manera, Capriles propuso una ley contra el abuso de los motorizados, de cuya redacción ahora se encargó el alcalde Gerardo Blyde. Ello demuestra que presionando y con apoyo institucional se puede comenzar a solucionar los problemas.

Hasta el próximo viernes.