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Ildemaro Torres

Presencia inextinguible

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Hace justo un año, en un día tristísimo para todo el país, falleció Simón Alberto Consalvi.

Habiendo sido por largo tiempo y siéndolo entonces, editor adjunto de El Nacional; asimismo destacado editorialista y columnista, que hizo de su oficina en el diario una fuente de enseñanzas a sus colaboradores y a visitantes, y sitio de elaboración de manifiestos y otros documentos fundamentales. Individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. Intelectual de extenso y deslumbrante currículo. Personaje recordado con sentimental veneración.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela como periodista, y de la Universidad de Columbia como internacionalista. Fue embajador en Yugoslavia, Washington y ante la ONU; ministro de Relaciones Interiores y encargado de la Presidencia de la República; canciller en dos ocasiones. Para bien de la historia y estudiosos de ella, escribió cuidadoso registro de su ejercicio diplomático; fue biógrafo de figuras de la historia política nacional e internacional, junto con prestar atención a asuntos como el desempeño de nuestra diplomacia, la economía petrolera, la integración de América Latina, el armamentismo nuclear, entre otros. Participó en el estudio dedicado a las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos a través de dos siglos.

Hizo valiosos aportes a las negociaciones de paz en los conflictos centroamericanos (1970-1980). Tuvo una notable participación en el Grupo Contadora. En agosto de 1987 evitó una guerra con Colombia debida al incidente de la corbeta Caldas. Fue un decidido activista en el logro de ser ampliada la plataforma marítima de los países del Caribe. Algunas obras memorables que nos legó: la Oficina Central de Información OCI; el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes; Monte Ávila Editores y la Biblioteca Ayacucho. Junto con crear la revista Imagen, en lo periodístico fundó El Mundo y dirigió Élite, Momento y Bohemia.         

Le teníamos un profundo respeto y un fraternal afecto, pues veíamos en él un amigo entrañable y un maestro de quien siempre tuvimos mucho que aprender, a tono con su cálido y generoso ejercicio de la amistad traducido en una constante disposición al trasiego de cuanto poseía y sabía.

Pleno acierto el de Ramón Hernández al afirmar que “Consalvi fue un sabio silencioso que tenía conciencia del poder de la palabra y la utilizaba con especial cuidado”. Dueño de una apreciable inteligencia y agudeza política, fue un valiente luchador en la clandestinidad y otros contextos.

Gozó de merecido reconocimiento como creador de la colección Biblioteca Biográfica Venezolana. En un acto de la Escuela de Comunicación Social de la UCV –de cuya primera promoción él formó parte–, académicos incorporados a dicha colección expresaron su agradecimiento al respecto; calificaron de magnífica idea haberla creado y señalaron como experiencia apasionante la de escribir una biografía, hecho novedoso en la vida de muchos de ellos.

Él supo ser un “promotor de arte”, que aportó textos y exposiciones con sentido de modernidad; ejemplo de ello la colocación espacial y exhibición en 1997 por el Museo de ACC Sofía Imber y Cantv, de la muestra de los cyberdibujos de Zapata; Consalvi escribió la nota “Zapata On-Line” del catálogo, en la cual señala que esos dibujos “constituyen una presencia venezolana de la mejor calidad en la red de redes”.  

A decir del escritor Consalvi: “Un periodista es una manera contemporánea de ser historiador”. Y en una entrevista en 2008 confesó: “Espero seguir sobreviviendo. Sobre todo, espero poder sobrevivir a mí mismo”. Sobrevida suya asegurada dentro de cada uno de nosotros.