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Humberto Márquez

¿Prensa internacional contra Venezuela?

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Contrariamente a lo que expone a diario el sector oficialista, las características de la información internacional y las normas que siguen los periodistas que trabajan para medios en el extranjero no abonan una posible campaña de descrédito del gobierno de Venezuela.

Más bien, con frecuencia funcionan como limitantes para exponer con más amplitud, frecuencia, profundidad o crudeza los procesos, acontecimientos, decisiones, encuentros, declaraciones u opiniones que se vierten en Venezuela, y cuya presentación o reseña por los medios pudiera desagradar al gobierno.

Tómese por ejemplo la brevedad. Esa característica, norma del periodismo informativo que aboga por la concisión y la sencillez, es prácticamente un mandamiento para la información internacional. La brevedad obliga a centrarse en lo factual. La escasez de tiempo o espacio conduce a menudo a obviar elementos de background que no resulten indispensables.

Técnicamente hablando, eso lleva a presentar un corte transversal y no uno longitudinal de los acontecimientos. Se traduce en informar sobre la inflación, las manifestaciones callejeras, la explosión de una refinería o un crimen llamativo con apenas las referencias indispensables de contexto. A veces sin abundar en los dramas de millones de personas detrás de los hechos.

Por ejemplo, se informa del control cambiario y de las tribulaciones que causa a turistas, consumidores, empresarios y autoridades financieras. El público en el exterior asimila el hecho a sus propias experiencias de control de cambios, frente a situaciones económicas que les fueron difíciles pero coyunturales, pasajeras. Se obvia muchas veces recordar que el ex presidente Hugo Chávez y sus colaboradores reivindicaron ese control como una medida política antes que económica, cuando el país nadaba en petrodólares.

Miremos otra característica, de manual: la inmensa mayoría de los públicos no se interesa por tecnicismos o detalles jurídicos, sino por lo que ocurre y en qué medida les afecta. Eso ayuda al oficialismo en el caso de Venezuela.

Se informa, por ejemplo, que el Tribunal Supremo de Justicia destituyó y encarceló a dos alcaldes por desacato. Eso favorece la comprensión del asunto como obra de un Poder Judicial muy fuerte e independiente. ¿Lo es? ¿Cómo hacer para explicar, en pocas líneas o con la brevedad que impone la TV tanto la integración del TSJ, como las decisiones y circunstancias bajo las cuales se constituyó, las características del juicio a los alcaldes opositores, los alegatos de las partes, las declaraciones de juristas u organizaciones de derechos humanos o de la Academia de Ciencias Políticas y Jurídicas? La sentencia en el caso del alcalde Daniel Ceballos, de San Cristóbal, tiene 50 páginas. ¿Cómo informar de esos asuntos a un vendedor de enchiladas en México, a un conserje en Buenos Aires?

Bueno, se puede. Pero el riesgo de no lograrlo y las inconsistencias en la información favorecen la causa del oficialismo, no de sus oponentes. Llenar piezas informativas con farragosas exposiciones jurídicas o largos artículos de la Constitución, leyes y jurisprudencia puede ahuyentar al público en el extranjero, que así se sentirá tentado a ocuparse de otro asunto.

Otro punto: la pasión por los números. Los periodistas de los medios globales están entre los primeros que quieren saber e informar las cifras que acompañan cualquier acontecimiento. De un contrato, cuántos millones. De un desastre, cuántas víctimas. De una marcha, cuántos manifestantes. De una protesta extendida, en cuántas localidades se registra.

¿En cuántos lugares de Venezuela hubo protestas desde el pasado 5 de febrero? Si se dice, como ocurrió, que en más de 50 ciudades o centros urbanos, ello favorece a la oposición. El gobierno replicó que se mantuvieron en apenas 18 de los 333 municipios del país. También cierto y a su favor.

El famoso Caracazo de 1989, la mayor eclosión y revuelta social del siglo XX en Venezuela, ¿cuántos municipios abarcó? ¿Más de 18? Se la reivindica desde el oficialismo como una justificación de los alzamientos militares de 1992 y de la política seguida desde 1999. La dimensión nacional, la envergadura social, la impronta histórica de hechos o procesos de cambio ¿se mide por el número de municipios? ¿Cómo quedaría el 19 de Abril de 1810?

Otra característica de la información internacional que se produce en Venezuela y también favorece al oficialismo es la imposición formal de su vocería y la obligación deontológica de los medios que aquí actúan de presentar distintos puntos de vista, al menos los dos principales confrontados. Si el oficialismo retrasa o evade informar su punto de vista, eso acarrea demoras o vacíos insostenibles para los medios responsables.

Puede ser una táctica que funcione. A veces. En lo que sí no aciertan es si suponen que los medios y sus corresponsales no captan la maniobra.

Se agrega, lógicamente, el deseo muchas veces expresado por quienes gobiernan para que la información que se difunda contenga de modo favorable sus expresiones, sus imágenes, sus datos, sus opiniones, su ideología. Si el resultado se les parece a lo que quieren, destacan la importancia y hasta la objetividad del medio. Si no, se desdoblan en críticos de los medios, casi se convierten en comunicólogos o psicólogos sociales para medir, con cartabones locales, el impacto de lo que se ha difundido, en públicos distantes.

Es entonces cuando trazan directrices, pronuncian anatemas, toman más distancia de la prensa independiente o asumen decisiones de política comunicacional, que no dejan de ser a veces sorprendentemente innovadoras. Escribir para The New York Times, como hizo el presidente Nicolás Maduro, es una vía, digamos, convencional. Pero ahora ha anunciado la creación de un despacho consagrado a la información internacional, y el cual podría comenzar a dirigir el actual embajador ante la OEA, Roy Chaderton. O sea, deberemos reseñar que aquí las dificultades se encaran creando ministerios.

 @hmarquez26