• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

Preguntas al dios del diálogo chavista

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¿Autorizaste a tus representantes terrenales para que en tu nombre, Jehová, Jesucristo, Alá y tantos más, recibieran con honores a los mismos que en enero 2009 profanaron ese recinto de la sinagoga sefardita destrozando sagrados símbolos, archivos, rayando esvásticas en sus paredes y muros?

¿Sabes dónde se encuentran los malhechores de aquel desastre o será que precisamente participaron ahora disfrazados con cara de yo no fui en tamaña ceremonia?

¿Por qué no recomendaste que semejante farsa se efectuara al menos en un espacio público abierto para que hubiera testigos y partícipes sin comprometer a una frágil comunidad que no fue consultada para un compromiso de tan graves consecuencias?

¿Es que los judíos estamos destinados a ser el eterno pueblo “elegido” como chivo expiatorio en situaciones límite para luego recibir los justos reclamos de una colectividad indignada y resentida?

¿Se te olvidó que el líder inmortal de tus nuevos adictos, fieles oportunistas, Hugo Chávez Frías, maldijo a Israel, públicamente, por televisión encadenada y que hasta el momento no hay relaciones diplomáticas con el país donde naciste para engendrar las religiones monoteístas que fueron tus emisarios en el teatral encuentro?

¿Tampoco recuerdas las veces que el mismo endiosado comandante y desde esa misma pantalla humilló sin vergüenza a los representantes del Vaticano en nuestro país?

¿Archivaste su imagen de repente católico, apostólico y romano, cobardemente arrodillado ante monseñor Porras, luego de ordenar el Plan Ávila, preso en las primeras horas de abril de 2002, pidiendo perdón con promesas de rectificar y portarse bien?

¿Y que usando tu nombre musulmán, trafican armas y otros materiales bélicos tantos terroristas fanáticos o mercenarios con entrada y salida en puerta libre por la rampa 4 del principal aeropuerto venezolano?

¿Si le ordenaste al patriarca Abraham que no sacrificara a su hijo Isaac, al menos puedes repetir la orden y exigir a tus huéspedes la liberación y cese de hostigamiento criminal contra los heroicos estudiantes venezolanos que son el liderazgo máximo de esta gesta libertaria, que se honre su memoria de cuarenta asesinados y que sus familias sean resarcidas espiritual y materialmente?

¿En ese show supuestamente sacro se hizo alguna plegaria por las 200.000 víctimas del hamponato político y del llamado común que son el soporte absoluto, imprescindible, del poder criminal de tus ilustres visitantes?

¿Es lógico y decente que un militar golpista, hoy en flux y corbata con expresión de mosquita muerta, ministro de la presunta paz, hable tan lindo de ti, con un solideo sobre su cabeza, la misma que no tuvo escrúpulos para ametrallar en el 92 La Casona, donde residía la familia del presidente Carlos Andrés Pérez y ahora comanda la represión sangrienta contra pacíficos manifestantes?

¿Sabes que esa mano estrechada con tanto regocijo por tus ministros del culto religioso, buscando protagonismo para una futura candidatura presidencial, es la responsable que dio el santo y seña para convertir en ruinas y cementerio la ciudad de San Cristóbal?

¿Es que acaso la justicia divina está siempre en el lado opuesto, tan distante, de la humana justicia diaria y terrena con sus leyes de convivencia, tolerancia, generosidad y sigue siendo la misma que permitió los Guernica, Hiroshima, Auschwitz, Gulag, Ruanda, Siria y similares de menor nombradía?

¿Basta que un ciudadano decida volverse actor de emergencia, se vista con un traje de ocasión, lustroso casimir, sotana, turbante o manto ceremonial, para en tu nombre consagrar porque sí a quien de naturaleza, convicción, ambición o resentimiento nunca te ha reconocido ni santificado tus mandamientos, y de oficio es un pecador político que no sabe perdonar ni tampoco admite sus errores, que requiere ser juzgado de inmediato por responsable directo en delitos de lesa humanidad?

¿Será que finalmente, a falta de tu presencia y respuestas oportunas, eres la justa conciencia superior del simple, honrado, bueno, solidario, solitario ser y quehacer común y corriente que sabe detectar y superar sus malos instintos primarios y puede discernir, juzgar, perdonar o castigar a quienes corresponde?

¿Quieres asistir a nuestra próxima festividad pascual judía, el Pésaj, que coincide con la cristiana Semana Santa, y convocar mediante plegarias y cantos litúrgicos por la libertad verdadera del pueblo venezolano, cubano, iraní, sirio, chino, ruso y los innumerables parias que padecen sin voz que los represente, en todos los rincones de tu extenso y sufriente mundo?