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Alexandra Palmieri Di Iuro

La Precop social de cambio climático

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La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc), el cual se reúne anualmente para evaluar y supervisar la aplicación de dicho instrumento y del Protocolo de Kyoto. Forman parte de la COP las Naciones Unidas, organismos internacionales, y todo país miembro de la Cmnucc. El próximo diciembre se celebrará la COP 20 en Lima, Perú, y el objetivo principal será constituir un acuerdo mundial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Antes de celebrarse la COP 20, se llevan a cabo distintos actos preparatorios, y allí se encuentra el denominado “Precop Social de cambio climático” celebrado en isla Margarita, desde el pasado martes 15 de julio al viernes 18 de julio. La Precop social de cambio climático es una especie de consulta pública mundial que pretende escuchar tanto a gobiernos como a movimientos y organizaciones sociales en esta materia, de cara a la celebración de la COP 20. Es un acto preparatorio importante, plausible y muy valioso, considerando la gravedad que representa el calentamiento global especialmente en países con un alto índice de pobreza, y la necesidad de cambiar nuestras sociedades por unas más responsables con el medio ambiente.

Lo que no es de ningún modo plausible, sino más bien vergonzoso y lamentable, es el marcado tinte político e ideológico que se ha impuesto al evento. Una y otra vez sin cansancio el gobierno venezolano se pronuncia sobre la causa y la salvación del cambio climático: el capitalismo salvaje y el socialismo, respectivamente. La intervención del gobierno venezolano en estos eventos es siempre la misma: discursos políticos sin acciones concretas, sin propuestas y sin ejemplos de resultados satisfactorios en materia ambiental en el país. Resulta incoherente promover y realizar reuniones internacionales que buscan exigir compromiso y responsabilidades de los países miembros –especialmente de los desarrollados–, cuando el petrolero país anfitrión va detrás de la ambulancia en materia ambiental y de cambio climático.

En reiteradas ocasiones, las organizaciones ambientales no gubernamentales han exigido al gobierno nacional acciones concretas, compromiso político, fortalecimiento de las instituciones y una regulación eficaz en todos los temas ambientales, y lejos de eso, en Venezuela existe una carencia absoluta de inversión pública en el sector. No existe en el país promoción alguna de energías limpias; hay un déficit de educación e información ambiental, y mucho más sobre los procesos de mitigación y adaptación al cambio climático; no contamos ni siquiera con un Plan Nacional de Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos; es inexistente una efectiva tutela judicial ambiental que garantice la responsabilidad por daños ambientales; son innumerables los casos de contaminación por derrames petroleros o explotación minera; no existen sistemas regulados y eficientes de reutilización, valorización y reciclaje de residuos; ni hablar de la crisis eléctrica, de la sequía mal gestionada y del agua potable contaminada, que en muchas zonas del país está afectando la salud de la población más necesitada.

Y podríamos seguir mencionado infinidad de ejemplos que sitúan a Venezuela entre los países más irresponsables con la gestión ambiental y con los compromisos nacionales e internacionales, por lo menos en América Latina. Y aún así el gobierno venezolano tiene el cinismo de atribuirse un liderazgo que no le corresponde y politizar eventos internacionales que lejos de fomentar resentimientos y señalar culpables, buscan unir fuerzas e impulsar cambios significativos en el mundo a favor de todos y a través de acciones, propuestas y resultados obtenidos en el ámbito interno de cada país.

Hay que empezar por reconocer los problemas ambientales y energéticos del país, trabajar, comprometerse, llevar a cabo acciones concretas, y promover la participación de todos los ciudadanos sin distinción alguna. El ecosocialismo bolivariano es hoy una mentira del tamaño de la ineptitud y mediocridad del gobierno venezolano: imposible de ocultar.